Destierro de Juan José Domenchina, sintiéndose maltratado por el destino

‘Destierro’, de Juan José Domenchina es un poema de espíritu depresivo, auto destructor del yo poético, que como una catarsis saca del pasmo del conformismo a la contemplación de las vidas en crisis que sienten desesperado su paso por el mundo. Este poema también es metafísico, ahonda en la condición humana desde la contingencia del dolor en su mayor expresión.

El destierro, un camino de ocasos

El destierro, un camino de ocasos

La generación del 27 español nos aportó los más destacados poetas de vanguardia de la península, muchos de ellos adscritos al surrealismo literario, que como recordamos se basó en los postulados del subconsciente y del psicoanálisis para explorar la intimidad del pensamiento humano. Juan José Domenchina es un poeta que trabajó el registro de la depresión y la desmotivación del yo poético, donde la vida se configura como una pesadilla lúcida de desesperanza y tedio aplastante, como un tránsito hacia no saber dónde ir ni cómo aprovechar el curso de la existencia en el que se está inmerso ineludiblemente.

Domenchina ya recreaba esta crisis del yo poético en su poema ‘Hastío, viendo al enunciador del poema en la contingencia de un aplastamiento por una falta de vitalidad de raíz existencial. Domenchina sufrió episodios de reumatismo que lo tuvieron postrado e inactivo con dolor, esto puede ser una de las tantas motivaciones para proyectar su ser contingente de esta forma en su poesía. Lo que hace el yo poético es funcionar desde la crisis, ver la vida como una noche prolongada, razonar desde la perspectiva de un sufrimiento constante y no valorar la vida porque lo bueno le está negado.

Desterrado en plena vida
El yo poético ve la vida como un destierro, como una marcha sin sentido que solo le agota. Estar desterrado es ser expulsado, estar fuera del festín de la vida. Él no puede controlar su vida, esta se da ‘tan sin camino’, amarga, carente de toda gratificación, ‘infecunda’ para este yo poético que carga a la vida de desazón. Todos los epítetos negativos dirigen la lectura al lamento de la contingencia de la encarnación del yo, quien se sostiene y cobra sentido en ese pesimismo que se hace más denso conforme se avanza en el poema. La vida se asume con inseguridad al abordar temores como el paso del tiempo y la sensación de repetir el camino de otros que no se han librado de ese destino.

La razón no es una herramienta útil de crecimiento, pues al rotularla de ‘juguete irrisorio’ y ‘destartalada’ se niega el valor de experiencia de aprendizaje, del afianzamiento de un valor que hace llevadera la vida. La razón envejece porque la falta de motivación hace al yo poético ver la vida sin novedad. De todos modos este proceso destructor de la esperanza tiene mucho de hipérboles que se sienten verdaderas en un ser desgarrado por el sufrimiento, rendido a no buscar nuevas experiencias que dulcifiquen su paso por el mundo.

Este poema recrea una angustia existencial profunda, un cuestionamiento por el sentido de la vida que viene a ser reflejo de la reflexión sobre la condición humana. Hay un proceso destructor de toda esperanza de bienestar y satisfacción, la oscuridad de la forma es signo del razonamiento fatalista del yo poético atrapado sin salida en una vida a la que no encuentra un rumbo claro ni un por qué.

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Foto: destierro por peasap en Flickr

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