Don Juan Tenorio, el nacimiento de un mito

Al igual que otras artes, la literatura tiene sus mitos. Son personajes de tal envergadura que se han convertido en encarnaciones de un modo de vida. Uno de los más destacados es don Juan Tenorio, cuyo mito nace en El burlador de Sevilla, del mercedario Tirso de Molina, y que, en todas las épocas, ha tenido reelaboraciones que revisan su personalidad.

Al igual que en otros aspectos de las artes, en la literatura también se origina una mitología propia, constituida por personajes que han calado tan profundamente en la conciencia colectiva que se erigen en representativos de una forma de entender la vida –ya sea para bien, ya como ejemplo de perversión- hasta el punto de que son rápidamente identificados con una actitud vital.

Monumento a Tirso de Molina en Madrid

Monumento a Tirso de Molina en Madrid

Los ejemplos son muy numerosos, pero, por citar algunos, podríamos decir que Emma Ozores –y su correlato francés, Bovary– personifican la insatisfacción de la persona reducida a una vida superficial y frívola; Werther se erige como arquetipo del idealismo y la rebeldía románticas; o don Quijote es la encarnación del idealismo y la lucha inútil por la justicia.

Como ellos, don Juan Tenorio es personificación de muchas cosas y no todas positivas. Así, por una parte, es el prototipo del rebelde ante la sociedad, que vive saltando por encima de sus convenciones y haciendo lo que le viene en gana, rasgos muy atractivos en cualquier época y lugar. Pero, por otra, es un ser perverso, que no duda en engañar para lograr sus objetivos sexuales, aunque con ello arruine la vida de sus víctimas.

Sea como fuere, se trata de uno de los personajes literarios que más han calado en la conciencia universal, hasta el punto de  que, en casi todas las épocas y lugares se han realizado reelaboraciones del mito. Moliere, Zorrilla o Lord Byron son algunas de las figuras literarias que se han ocupado de él.


Pero la creación del personaje debe atribuirse a fray Gabriel Téllez (Madrid, 1579-1648), un humilde fraile mercedario que escribió bajo el seudónimo de Tirso de Molina. Adscrito a la escuela de Lope de Vega, es decir, al género teatral de la Comedia Nueva, inventada por éste, fue Tirso un extraordinario autor dramático, del que se conservan unas sesenta piezas, que abarcan desde obras hagiográficas hasta comedias de enredo y humor.

Almazán, en Soria, donde Tirso pasó sus últimos años

Almazán, en Soria, donde Tirso pasó sus últimos años

El burlador de Sevilla y convidado de piedra cuenta, por tanto, las andanzas de don Juan Tenorio, joven noble español cuyo sustento vital es seducir mujeres para, una vez arruinada su honra –con arreglo a las convenciones sociales de la época- dejarlas abandonadas y repudiadas por sus futuros esposos. El padre de una de ellas, don Gonzalo de Ulloa, lo descubre con su hija y, en el combate que se suscita, es muerto por don Juan, que se da a la fuga.

Cuando retorna a Sevilla, lejos de arrepentirse de su acto, se burla ante la tumba de don Gonzalo, invitándole a cenar. Pero el espíritu asiste al convite –es el convidado de piedra a que alude el título- y los cita para el día siguiente en su capilla. Don Juan, que no se acobarda ante nada, se presenta a la cita pero allí le esperan espeluznantes acontecimientos, capaces de despertar el pánico incluso en él.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Monumento a Tirso: Zaqarbal en Flickr | Almazán: Eduiturri en Flickr

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