El Alcalde de Zalamea de Calderón de la Barca

La literatura española de los Siglos de Oro es la mejor de nuestra historia. En teatro contamos con autores de la talla de Lope de Vega, creador de la Comedia Nueva, Tirso de Molina o Calderón de la Barca, quién, en El alcalde de Zalamea, presenta el tema del honor. Pero no se trata del honor conyugal, sino del de la persona que no deja que nadie pisotee su dignidad.

La literatura hispana de los llamados Siglos de Oro –el XVI y el XVII- es, sin ningún género de dudas, la mejor de nuestra historia. Contar, en tan breve periodo de tiempo, con prosistas de la talla de Gracián, narradores como Cervantes o Quevedo, poetas como Góngora o dramaturgos de la categoría de Lope de Vega, Calderón o Tirso de Molina prueban indiscutiblemente esta afirmación.

Retrato de Calderón

Pedro Calderón de la Barca

Concretamente, el género teatral experimenta un espectacular desarrollo, con la creación de la Comedia Nueva a manos de Lope, a quién seguirán otros autores como Mira de Amescua o Guillén de Castro. Pero, por si esto fuera poco, existe una segunda generación de dramaturgos a la que se conoce como generación de Calderón de la Barca y en la que se incluyen, además de quién les da nombre, algunos de la valía de Moreto o Rojas Zorrilla.

Por tanto, el panorama teatral de los Siglos de Oro muestra dos grandes autores –sin menospreciar a los restantes-, cada uno de los cuales posee su propio grupo de seguidores: Lope de Vega y Calderón, con la particularidad de que es al primero a quién debe atribuirse la creación de la dramaturgia que luego seguirán los demás.

Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681), de familia montañesa, se formó en el Colegio Imperial de los Jesuitas y en las Universidades de Alcalá y de Salamanca. Ordenado sacerdote en 1650, fue, durante muchos años, el autor favorito de la Corte, donde estrenó casi todas sus obras, muchas de ellas de tal altura literaria que su influencia se extiende hasta bien entrado en siglo XVIII.


Su teatro se caracteriza por la perfección estructural. Todas las piezas del drama están ordenadas y jerarquizadas de tal forma que constituyen un conjunto casi perfecto. Esta construcción se halla tanto en sus obras cómicas como en sus dramas serios, tanto en las comedias de enredo como en sus grandes creaciones sobre el sentido de la vida, sobre el honor y en sus autos sacramentales.

Sería ocioso realizar una enumeración de las obras calderonianas. Baste citar algunas de ellas para comprobar la talla de su trabajo: La vida es sueño, El alcalde de Zalamea, El médico de su honra o El mágico prodigioso, entre otras, constituyen cimas del teatro universal.

El alcalde de Zalamea es, por su parte, un drama de honor. Pero no se trata del habitual concepto de la época que defendía que el marido engañado tomase justicia por propia mano hacia su esposa. Aquí se muestra el honor como derecho de la persona a ser respetada, como patrimonio del ser humano, que posee una dignidad inviolable.

Foto de un monumento a Calderón

Monumento a Calderón de la Barca en Madrid

Pedro Crespo es un labrador acomodado que tiene una hija, Isabel. A su pueblo, Zalamea, llegan unos soldados cuyo capitán rapta a la joven, la viola y la abandona en el bosque. Una vez rescatada, Crespo es nombrado alcalde e inmediatamente ordena detener al soldado. Ante la negativa de éste a casarse con Isabel, ordena que sea ejecutado. Enterado el Rey, da la razón al padre ultrajado y lo confirma como hombre justo.

Destaca en la obra la figura de Pedro Crespo, hombre digno y orgulloso de su clase, que no admite abusos de poder por parte de nadie y cuyo ideario se resume en estas palabras que pronuncia: ‘Al Rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios’.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Retrato de Calderón: El Bibliómata en Flickr | Monumento a Calderón: Graffity by Numbers en Flickr

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