El amante de Lady Chatterley, sexualidad a flor de piel

Los historiadores de la Literatura, quizá por el amplio campo que tratan de abarcar, tienden a definir a cada autor con un calificativo. Así, a D. H. Lawrence le ha correspondido en de escritor erótico. Y, en efecto, lo es. Pero su erotismo no es gratuito, sino que, a través del sexo, trata de bucear el los impulsos primitivos del ser humano para conocer un poco más su personalidad. Ello se aprecia claramente en ‘El abanico de Lady Chatterley’, historia de un adulterio puramente sexual.

Portada de Mujeres Enamoradas

Portada de Mujeres Enamoradas, otra de sus obras destacadas

Es bastante frecuente entre los historiadores de la Literatura, quizá obligados por el amplio campo que tratan de abarcar, resumir con un calificativo la obra de algunos autores. Así, por ejemplo, se califica a Joyce de renovador, a Camus de existencialista o a Julio Verne de imaginativo.

Pero ello no deja de ser una simplificación en el fondo y en la forma, pues el trabajo de los escritores de calidad suele ser abundante y variado y el contenido de sus obras muestra una profundidad filosófica y humana que llega mucho más allá de lo que expresa un sencillo adjetivo.

En este sentido, se ha calificado al autor inglés David Herbert Lawrence (Nottinghamshire, 1885-1930) de escritor erótico, cuando no de abiertamente sexual. Ello es, una vez más, una simplificación. En efecto, el sexo ocupa un papel fundamental en sus obras pero no de forma gratuita, sino como muestra de su preocupación por los impulsos primitivos del Hombre.

Lawrence fue, por tanto, un autor polémico. De origen humilde –se ha dicho que, con él, por vez primera en la Literatura Inglesa, la clase obrera adquiría voz propia-, su personalidad dista mucho, sin embargo, de la que se suele identificar con aquélla, en lo que tuvo importante influencia su madre, maestra de escuela. En efecto, el escritor poseía especial sensibilidad y una fuerte inquietud por todo lo relacionado con el Arte –recordemos que también fue poeta y pintor, además de novelista-, así como preocupaciones existenciales.

Todo ello es patente en sus novelas. Entre ellas, aunque las dos más logradas sean, quizá, ‘El arco iris’ y ‘Mujeres enamoradas’, que giran en torno a Úrsula Brangwen y su familia, la más conocida es ‘El amante de Lady Chatterley’ (1928), cuya publicación suscitó en Inglaterra un escándalo similar al que provocó en Francia la ‘Madame Bovary’ de Flaubert. Posiblemente, ello se debiera a que ambas narran la historia de un adulterio femenino.

En ‘El amante de Lady Chatterley’ nos encontramos con el matrimonio de la alta sociedad formado por Clifford y Constance. Él, a causa de una herida de guerra, ha quedado inválido e impotente y su esposa se siente atraída por Mellors, guardabosques de su marido, en cuyos brazos acabará cayendo. Pero el impulso de Constance no es sentimental, sino puramente sexual, primitivo. Y es que la obra, aunque muestra un erotismo explícito, no es una novela erótica. Lo que le interesa a Lawrence es explorar el papel que ejercen los instintos primitivos sobre el ser humano.

Esta indagación psicológica de calado y la especial sensibilidad de Lawrence a la hora de describir las relaciones entre la pareja y los escenarios naturales hacen de la novela una creación excelente.

Foto: Portada de Mujeres Enamoradas por jonathan229 en Flickr

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