El barón de Grogzwig, la fina ironía de Charles Dickens

Resulta muy gratificante leer las obras menores de los grandes novelistas, ya que en ellas condensan en pocas líneas todas sus cualidades. Esto sucede con El barón de Grogzwig, de Dickens, que trata sobre un peculiar aristócrata y sus ideas suicidas y que refleja toda la ironía del clásico autor inglés.

Siempre es un placer leer las obras menores de los grandes novelistas, muy especialmente sus relatos breves. En ellos se aprecia toda su genialidad condensada en unas pocas líneas y, además, acostumbran a permitirse libertades que no se dan en sus obras más importantes.

Esto, que ocurre con casi todos ellos –desde Clarín a Pío Baroja, pasando por Stendhal o James Joyce-, se aprecia especialmente en el británico Charles Dickens (Portsmouth, 1812-1870) en lo que se refiere a su sentido del humor.

Foto de Charles Dickens

Retrato de Charles Dickens

En efecto, mientras sus grandes novelas reflejan las enormes desigualdades sociales a que había conducido la Revolución Industrial, sus cuentos resultan mucho más amables. En ellos se aprecia todo el talento de Dickens, tamizado por un fino e irónico sentido del humor.

Porque el autor de Oliver Twist, Grandes esperanzas o Cuento de Navidad, entre otras muchas novelas inolvidables, es el narrador por excelencia de la época victoriana y, como tal, el retratista de las brutales condiciones de vida a que la industrialización en curso sometía a las clases populares, algo que él mismo había sufrido en sus propias carnes cuando su padre, un pequeño funcionario, fue condenado a prisión y tuvo que comenzar a trabajar en una fábrica de betún.


Fue, por tanto Dickens un autodidacta que se dio a conocer con los Esbozos por ‘Boz’, pequeños cuadros de costumbres publicados en la prensa, el mismo medio que le haría famoso cuando comenzó a escribir Los papeles del club Pickwick, una especie de novela por entregas en la que ociosos caballeros se reunían para comentar curiosidades y hechos de actualidad.

Pero, mientras los excepcionales relatos de Dickens han merecido toda la atención, ésta, a nuestro juicio, no se ha aplicado a sus cuentos –excepción hecha del citado Cuento de Navidad– que, sin embargo, son extraordinarios.

Buena muestra de ello es el titulado El barón de Grogzwig, una narración repleta de humor irónico. El joven aristócrata vive ociosamente dedicado a la caza, la comida y la bebida. Cuando contrae matrimonio con la hija de su vecino, el señor de Swillenhausen, todas estas distracciones se terminan. Mientras tanto, su prole va en aumento y el dinero mengua.

Foto de una atracción que recrea el mundo dickensiano

Una atracción que recrea el Londres dickensiano

El joven barón decide entonces suicidarse. Pero, cuando se dispone a hacerlo, se le aparece el genio de los suicidas, desencadenando una memorable conversación entre ambos tras la que el aristócrata parece cambiar de opinión.

Se trata de un relato genial en el que todo el sentido del humor de Dickens -refrenado en sus narraciones extensas aunque también presente- campa a sus anchas a través de una fina ironía que, por otra parte, no oculta una evidente sátira social.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Charles Dickens Page.

Fotos: Charles Dickens: Pingnews.com en Flickr | Atracción sobre Dickens: Oast House Archive en Geograph.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...