El bosque animado, de Wenceslao Fernández Flórez

Tras la Generación del noventa y ocho, aparece una nueva que trae consigo diferentes postulados literarios. Éstos priman la calidad artística por encima del contenido de las obras. Uno de los caminos que sigue es el de la narrativa humorística, cuyo máximo representante será Wenceslao Fernández Flórez.
Sin embargo, el mayor logro de éste es ‘El bosque animado’, una fábula literaria protagonizada por una fraga gallega que tienen vida propia, pues todos sus integrantes –personas, animales y plantas- constituyen una original sociedad. Se trata de un relato lleno de lirismo y no exento de humor.

A Coruña, tierra natal del autor

A Coruña, tierra natal del autor

Tras la extraordinaria obra de la Generación del 98, que supuso una sacudida para la conciencia social española, un nuevo grupo generacional viene a superponerse a aquélla con nuevas ideas estéticas. Si los postulados estilísticos de los Baroja, Unamuno o Maeztu se hallaban, formalmente, próximos al realismo y, en cuanto a la temática, comprometidos con la situación española, los nuevos escritores –con Ortega y Gasset como teórico- se inclinarán hacia lo que se ha denominado ‘la deshumanización del arte’.

En lo que respecta a la Literatura, su apoyo teórico consistía en un intelectualismo que, dejando en segundo plano el argumento y la anécdota, otorgaba más valor a los elementos estilísticos, convirtiendo la obra en pura creación estética, destinada al goce artístico. Las narraciones de Gabriel Miró o Benjamín Jarnés son buen ejemplo de ello.

Pero tal superación de los patrones realistas también se realizaba, en ocasiones, a través de la ironía y el humor. Y, en esta línea, el gran maestro fue Wenceslao Fernández Flórez (La Coruña, 1884-1964). Periodista de pluma afilada, comenzó su carrera literaria con Volvoreta, Premio del Círculo de Bellas Artes en 1917 y que narra con tintes naturalistas la relación de una joven criada con su señor.

Pero donde Flórez se halla más inspirado es en la narración humorística. En ella, a través de la ironía, evidencia su frío escepticismo –un tanto cínico- acerca de la sociedad. Buen ejemplo de ello es Las siete columnas, que muestra cómo el mundo se sustenta en los siete pecados capitales.

No obstante, la mejor obra de Flórez es, con diferencia, El bosque animado, que apareció en 1943. Se trata de una novela simbólica cuyo protagonista es la fraga de Cecebre. Fraga es el nombre que reciben en Galicia los bosques de robles y en la obra funciona como un mundo independiente, en el que todos los seres vivos que en ella conviven –animales, personas, plantas e incluso un fantasma- tienen conciencia propia y ejercen un papel. En esta singular sociedad no falta el humor (los árboles creen que un poste de telégrafos es uno de ellos) y la aventura, los amores y los miedos.

Pero, sobre todo, la novela es un homenaje a la tierra gallega y a la comunión del Hombre con la Naturaleza, todo ello repleto de íntimo lirismo y ternura. Sin duda, se trata de una obra extraordinaria, tanto por lo poco común como por su calidad.

Foto: La Coruña por vorjales en Flickr

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