El cesante, de Mesonero Romanos, una figura típicamente española

Uno de los rasgos del Romanticismo fue la exaltación de lo nacional. Ello tuvo una de sus manifestaciones literarias en el costumbrismo, breves artículos que presentaban un tipo o una costumbre de la sociedad. Larra lo cultivó, pero su máximo representante fue Mesonero Romanos, a cuya obra Escenas matritenses pertenece el cuadro El cesante.

Entre otras características, el Romanticismo gustaba de exaltar las peculiaridades nacionales de cada país como una suerte de autoafirmación frente a lo extranjero. Ello tuvo su manifestación literaria en un género que se encuentra a medio camino entre el artículo de costumbres y el relato breve.

Foto de la portada de las Escenas matritenses

Una portada de las Escenas matritenses

Nos referimos al Costumbrismo, forma literaria en la que, además, se halla el embrión e inmediato antecedente de la narrativa realista que poco después desarrollarán extraordinarios autores como Balzac, Flaubert o Stendhal y, en España, Pereda o Benito Pérez Galdós.

La forma externa del costumbrismo es la ‘escena’ o ‘cuadro’, similar al artículo periodístico. Pero la verdadera innovación se encuentra en el contenido: partiendo de la observación directa de la realidad, presenta una situación cotidiana o un tipo curioso de la sociedad que se pretende retratar y, a menudo, se proporciona cohesión al texto con un tenue hilo argumental.

El gran Mariano José de Larra fue un excelente costumbrista, con la particularidad de que –polemista de raza- no puede evitar incluir en sus cuadros una crítica social o política. Pero los grandes costumbristas de la época fueron Mesonero Romanos y Estébanez Calderón, el uno de tipos y ambientes madrileños y el otro de los andaluces.


Ramón de Mesonero Romanos (Madrid, 1803-1882) pertenecía a una familia acomodada y ello le permitió vivir sin un trabajo fijo. Fue un enamorado de su ciudad: varias veces concejal de su Ayuntamiento y Cronista Oficial, sus preocupaciones urbanísticas provocaron algunas de las más importantes mejoras modernizadoras de la ciudad. Sus Memorias de un setentón constituyen un extraordinario retrato de lo que fue el periodo romántico y realista en España.

Pero si ha pasado a la historia de la literatura ha sido gracias a sus Escenas matritenses, extenso y variado mosaico de tipos y costumbres de la sociedad madrileña de su época: desde los estrenos teatrales hasta figuras como el romántico a la moda o el carnaval tienen cabida en la obra.

Foto de una pintura de Madrid

Mesonero fue un fiel retratista del Madrid de su época

A ella pertenece el cuadro titulado El cesante, en el que Mesonero se centra en un tipo desgraciado de la España decimonónica. Cuando un partido político llegaba al poder, nombraba a funcionarios afines a él, pero, al ser sustituido por otro grupo, éstos eran cesados y se reemplazaban por los seguidores del segundo. Al retornar el primero al poder, volvía a hacer lo mismo.

Este procedimiento, habitual durante décadas, provocaba que estos desgraciados funcionarios viviesen en una inestabilidad perpetua –más o menos como sucede hoy con los interinos y los contratos temporales, ¡qué poco hemos avanzado!- y Mesonero nos muestra su modo de vida con una prosa cuidada y con ciertos tintes irónicos, pero también con un tono amable.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Portada de Escenas matritenses: Alfaraz en Flickr | Madrid: Juan Blanco en Flickr

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