El foco, de Virginia Woolf, evocación de una historia romántica

La convergencia entre literatura y trastorno mental es más frecuente de lo que parece. Uno de estos casos es el de la inglesa Virginia Woolf, una de las renovadoras de la narrativa contemporánea. En su relato El foco nos presenta la evocación romántica de una historia de amor.

Con cierta frecuencia se han dado casos de convergencia de literatura y enfermedad mental. Ha habido quién considera buena parte de la obra de Edgar Allan Poe como fruto de uno de esos trastornos. También Guy de Maupassant sufrió los efectos de visiones y extraños ruidos.

Foto de Virginia Woolf

Virginia Woolf

Un caso singular, aunque sus escritos pertenezcan más al mundo de la filosofía que al de la literatura, es el de Friedrich Nietzsche, que arrastró durante toda su vida estos padecimientos. Lo que nunca podremos saber es hasta que punto la enfermedad mental mejoró o perjudicó su creación.

También la británica Virginia Woolf (Londres, 1882-1941) sufrió grandes depresiones a lo largo de su vida que la llevarían al suicidio arrojándose a las aguas con los bolsos cargados de piedras. Como en el caso de muchos de los anteriores, legaba una obra literaria de extraordinaria calidad.

Además, fue una gran animadora cultural: en su casa de Bloomsbury reunió a buena parte de la mejor intelectualidad inglesa de su tiempo y, junto a su marido, fundó la editorial Hogarth Press, que publicaría las obras, entre otros, de Katherine Mansfield o Thomas Stearn Elliot.


Con frecuencia suele juzgarse la obra de Virginia Woolf a la luz de la influencia de su contemporáneo James Joyce y, aunque en efecto poseen indudables concordancias, ello no deja de ser injusto respecto a la originalidad de la escritora londinense.

Es verdad que, como en aquél, el tiempo juega un papel primordial en los relatos de WoolfLa señora Dalloway, una de sus mejores narraciones, transcurre a lo largo de un día en la vida de la protagonista- y que las imágenes y los símbolos son muy importantes a la hora de reflejar la psicología de los personajes.

Pero, quizá, la mayor coincidencia se produce por la utilización del monólogo interior –claro que ello es común a otros muchos escritores-: el carácter de sus criaturas se despliega a lo largo de sus obras mediante el flujo y reflujo de sus pensamientos e impresiones.

Foto de Bloomsbury

Una vista de Bloomsbury, donde Woolf residió durante unos años

Con todo ello, consigue un efecto singular: los hechos normales que suceden a los personajes aparecen como extraordinarios. Esto se aprecia muy bien en su cuento El foco, en el que la señora Ivimey narra a sus invitados cómo se conocieron sus bisabuelos de un modo que hace aparecer tal circunstancia como fuera de lo común.

Se trata de un encantador relato que muestra todos los rasgos indicados, en un interesante cuadro de costumbres, y constituye un excelente ejemplo de la calidad literaria de su creadora. Es verdad que Woolf se halla influida por Joyce, pero no es menor el magisterio que en ella ejerce otro maestro, sobre todo en lo referente al paso del tiempo –quizá sería mejor decir la quietud del tiempo-: Marcel Proust.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Virginia Woolf Society.

Fotos: Virginia Woolf: Nicknich4 en Flickr | Bloomsbury: John Winfield en Geograph.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...