El hombre de arena

«EL hombre de arena» es el más célebre cuento de Hoffman que resume todas las tendencias fantásticas del autor

En estos tiempos cuando se menciona «El hombre de arena» uno piensa en el fantástico villano de las películas de Spiderman, pero hay un Hombre de Arena más clásico y extraordinario de siglos anteriores. Me refiero al excelente cuento del precursor del género de ciencia ficción y notable autor de cuentos fantásticos E.T Hoffman.

La obra de Hoffman siempre se caracterizó por su inclinación a temas sombríos y extraordinarios. Otra característica a resaltar de las obras del autor alemán es su tendencia a la experimentación. Los cuentos de Hoffman no se limitan a la estructura clásica de los relatos. El escritor ideal de Hoffman debía ser un innovador, por ello su obra se caracterizó siempre por los finales abiertos, los cambios de persona en la narración, el diálogo con el lector y el elemento fantástico como elemento perturbador de la cotidianidad.

El cuento que casi todos reconocen como su obra más emblemática es «El hombre de arena». Este cuento fantástico es una de sus muestras más exquisitas del buen hacer literario. Tiene además las constantes de su obra. Una narración onírica por momentos de pesadilla, la descripción de grupos humanos ilustrados, el asombro frente a las posibilidades de la ciencia y el amor enfrentado a poderes más allá de su comprensión.

Son muchos los elementos que se prestan a la fascinación en este cuento de Hoffman, por un lado tenemos el tema de la locura. El relato nos muestra de una manera por demás apasionante como el subconsciente maneja nuestra vida. El perturbado Nathaniel es un hombre que arrastra un viejo trauma infantil. El temor al monstruo representado en la figura de un amigo de su padre. El niño Nathaniel está convencido que aquel amigo de su padre es en realidad un ser maligno que se lleva a los niños para arrancarles los ojos.

Al crecer Nathaniel se enamora de Clara y parece haber encontrado la estabilidad, sin embargo los tormentos de sus sugestiones infantiles le siguen persiguiendo. Cree ver en otras personas al temible ogro que imaginó en su niñez. Esta es quizás la parte más subyugante del cuento: la forma como nos narra Hoffman el paulatino deterioro mental del protagonista. Cartas introducidas hábilmente en el relato nos introducen de lleno en la mente atormentada del protagonista y como lectores tampoco podemos discernir entre realidad y alucinación.


Recuerdo que este cuento me impresionó mucho cuando lo leí por primera vez. Fue como las lecturas de Herman Hesse en mi temprana adolescencia. Oscuro, tocando temas con los que uno se puede identificar. El personaje central de «El hombre de arena» es un tipo angustiado, temeroso. Un hombre al que la vida lo desborda y sufre por encontrarle alguna coherencia. Tras su alegría serena se esconde un temor a que su mundo equilibrado se destruya. Se percibe en los párrafos la tensión de un peligro que está por llegar… y lo peor es que el peligro está en el propio protagonista. Nada es tran terrible como ser su propio enemigo y no poder percibirlo.

La desgracia del protagonista es que por la mitad del relato ya sabe que él es su peor enemigo e intenta controlar su desgracia, pero la vida le plantea demasiadas trampas, la peor con la tecnología. La ciencia en este caso será la que le hará caer al abismo. Y lo estremecedor es que lo hace disfrazada de amor verdadero.

En el cuento tenemos a un espantoso villano. El horrible Coppelius, amigo cercano de su padre, que aterroriza las fantasías del niño por su siniestra singularidad. Nunca podemos estar seguros si Coppelius es realmente una criatura infernal o solo es un hombre desagradable que tiene la desgracia de ser confundido con un monstruo. Pero es la figura siniestra que marca el destino trágico del cuento.

El segundo villano es realmente más malvado. El vendedor de barómetros Coppola, intrigantemente relacionado con el viejo Coppelius. A pesar de ser un hombre de ciencia, sorprende la frialdad con la que se enfrenta a la locura de Nathaniel. Es un hombre fascinado por su creación que encuentra en la locura del atormentado héroe la prueba de su triunfo científico. La historia plantea así muchas dudas respecto a al verdadera orientación de la ciencia ¿es un beneficio para la humanidad?, ¿es solo una herramienta de la vanidad y el capricho de los hombres? La respuesta del relato se inclina por la segunda opción.

El otro personaje memorable del relato es el autómata. La presencia de robots es usual en los cuentos del maestro Hoffman, se sabe que estaba fascinado por las posibilidades filosóficas y técnicas de estas portentosas creaciones del hombre. Su aparición en el cuento no podía ser más impactante. A partir del autómata se define el destino del relato y deja unas cuentas interrogantes para los siglos venideros ¿Podrán los robots reemplazar el amor? Un cuento que se anticipó en años a las interrogantes planteadas por la película Blade Runner (y antes que a la película al libro que la inspiró «¿Pueden los androides soñar con ovejas?»)

Quizás se trate del primer robot realmente importante que aparece en la literatura, un prodigio de belleza y técnica. A pesar de la falta de una personalidad realmente humana su influjo sobre la mente de Nathaniel es realmente avasallador. La locura termina por imponerse en la mente del joven estudiante justo cuando se enfrenta a el triunfo mayor de la ciencia de la época. Como si en el juego que planteara el cuento ambos fueran complementarios: a la inteligencia y la técnica científica le corresponde su contraparte de locura. Siempre unidos.

Gracias a la gran red de redes podemos disfrutar hoy de su lectura sin necesidad de dirigirnos a una librería. Le dejo este enlace querido lector para que pueda disfrutar de uno de los cuentos más inquietantes de la historia de la literatura.

Foto 1 en flickr
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