El inevitable existencialismo de Albert Camus

Indudablemente, la vida marca el pensamiento y el carácter de las personas. Y, tal como se desarrolló la de Albert Camus, éste no podía ser otra cosa que existencialista. Por ello, todas sus obras reflexionan sobre el sentido de la existencia del hombre en un mundo absurdo. Buena prueba de ello es el drama Calígula, en el que ahonda en la locura del Emperador para resaltar en sin sentido que, para él, es la vida.

Indudablemente, la vida marca a fuego el pensamiento e influye de modo determinante en el carácter de las personas. Y cuando ésta es desgraciada, no podemos pedirles alegría y buen humor, sencillamente, porque quizá no los han conocido.

Albert Camus

Albert Camus

Por ello, a un hombre que quedó huérfano de padre a los tres años, enfermó de tuberculosis crónica a los diecisiete, vivió en la pobreza y pudo estudiar gracias a una beca y atravesó dos guerras mundiales presenciando sus horrores –su padre murió en la primera-, no puede pedírsele que escriba una literatura simpática y amable.

Este hombre fue Albert Camus (Mondovi, Argelia, 1913-1960) y, a la vista de su biografía, no podía tener otro pensamiento que no fuese el existencialismo.

Se conoce así, de modo genérico –su sistematización filosófica es otro tema- a la corriente que se desarrolla tras la Segunda Guerra Mundial y que se pregunta por el sentido de la existencia humana. Tras dos guerras de exterminio y algunas otras civiles no menos crueles, no es extraño que el hombre, a la vista de su capacidad destructora y de los horrores presenciados, se preguntase cuál era su papel en el mundo y, aún más, qué sentido tiene la vida. Ante ese mundo, que se ve como absurdo, el hombre se siente perdido y ello deriva en angustia y dolor.


Dos de sus mejores representantes son Jean Paul Sastre, en un sentido más teórico o filosófico, y el citado Albert Camus, en un sentido más humano, que fue reconocido con el Nóbel de Literatura en 1957.

Toda la obra de Camus, en buena lógica, se centra en ese mundo deshumanizado, en el que el hombre es tan sólo un número, privado de decidir porque los grandes poderes lo han dejado al margen y que, salvo en la religión para los creyentes, no halla sentido alguno a la vida.

Un cartel anunciador de Calígula

Un cartel anunciador de Calígula

Calígula, drama estrenado en 1945 y protagonizado por un personaje tan denostado por la historia como ese emperador romano, es buen ejemplo de todo ello. Camus se interesa por el lado humano de éste, buceando en su personalidad y dejando de lado sus crueles actos o intentando explicarlos como fruto de la concepción de la vida de quién los cometió.

Y es que –según Camus-, para Calígula, la vida del hombre no vale nada, el mundo es tan sólo un teatro en el que lo único que el ser humano puede hacer para conservar su dignidad es vivir libre, al margen de convenciones, y morir igual. De ahí que se autoerija en dios. El mensaje es claro y no puede ser más pesimista: la vida del hombre nada es y menos aún en manos de poderosos que rigen sus destinos.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Albert Camus: Sobibor en Flickr | Cartel de la obra: 24 Cuadros x segundo en Flickr

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