El lindo don Diego, de Agustín Moreto, un esclavo de las modas

Si hay algo mal visto en la literatura, es el plagio. No obstante, no siempre fue así. En el siglo XVII era algo normal y respetado siempre que de él saliese una obra original en cuanto a sus cualidades dramáticas. De hecho, casi todas las obras de Agustín Moreto presentan argumentos tomados de otros escritores. Así sucede con El lindo don Diego, una comedia de figurón sobre un petimetre cargado de narcisismo.

Si hay algo mal visto en la literatura, ésto es el plagio, es decir, la copia de obras ajenas. No obstante, el concepto de plagio no ha sido siempre el mismo. Así, en la época Áurea de nuestro teatro –siglo XVII-, era considerado como algo habitual y nada despreciable, siempre que el dramaturgo transformase lo adoptado –mediante su propio talento- en una creación nueva.

Foto de la Cuesta de Agustín Moreto

Cuesta de Agustín Moreto, en Toledo

Por tanto, era frecuente contemplar a los autores revisando obras antiguas de las que tomar sus argumentos. La diferencia se hallaba en el resultado logrado: mientras los buenos escritores recreaban lo tomado, dando lugar a una obra nueva y original, los malos se limitaban a copiar sin pudor alguno.

Entre los primeros, capaces de crear dramas novedosos y de calidad, se encuentra Agustín Moreto, probablemente el último gran dramaturgo de nuestro teatro barroco. Discípulo de Calderón de la Barca, se ordenó clérigo de menores, obteniendo el beneficiado de la iglesia de Mondéjar, pese a lo cual siguió viviendo en Madrid, donde era imprescindible estar si se quería ser alguien en el panorama dramático.

Como decíamos, su teatro se basa en la refundición de comedias antiguas, de las que extrae sus temas, reelaborándolos con arreglo a sus propias cualidades teatrales. Ello se aprecia en sus dos mejores creaciones: El lindo don Diego y El desdén con el desdén.


La primera de ellas, El lindo don Diego, toma su argumento de la obra de Guillén de Castro El narciso en su opinión. Se inscribe en las llamadas ‘comedias de figurón’, es decir, aquéllas que se construyen en torno a un personaje ridículo, verdadero eje de la trama, que es satirizado y suele acabar fracasando en sus pretensiones.

Foto de Mondéjar

Plaza de la villa de Mondéjar, de cuya iglesia Moreto fue Beneficiado

Don Diego vive preso de las modas y el acicalamiento. Es un petimetre del siglo XVII al que le organizan casamiento con su prima doña Inés, quién, a su vez, ama a don Juan. Desde ese momento, toda la intriga tiende a evitar esa boda, pero no mediante la sucesión de circunstancias, sino movida por el incomensurable narcisismo del protagonista, que, esclavo de su vanidad, cae en toda clase de trampas que le tiende el gracioso Mosquito y que sirven para desnudar la verdadera personalidad de don Diego.

La comicidad nace, por tanto, del tipo protagonista, que personifica a un personaje frecuente de la sociedad de la época y que, con su ridícula conducta, da lugar a situaciones hilarantes y que labrarán su fracaso. En este sentido, destaca Mosquito, verdadera contrafigura de don Diego, que con su astucia conseguirá frustrar el matrimonio.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Cuesta de Moreto: Jesusexto en Flickr | Plaza de Mondéjar: Miguel Charrito en Flickr

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