El más grande Villano

El más grande villano literario de todos los tiempos es sin duda Don Juan Tenorio. Con tres versiones magistrales el mito del Tenorio sigue siendo impactante.

Si hay un mito inmortal que glorifica a un villano ese es sin duda el de Don Juan Tenorio. Tan prominente mito tiene su versión no solo en un libro, sino en muchos. Incluso, una de sus más grandes versiones es una ópera del más grande compositor musical de todos los tiempos. Un personaje tan glorificado es sin lugar a dudas el más grande villano de todos los tiempos. Los hay más terroríficos como Drácula, más sanguinarios y bestiales como el Orangután de los Crímenes de la Calle Rue Morgue o incluso más sofisticados como el Mulo de la saga Fundación; pero el villano más carismático, aquel que secretamente admiramos es el inmortal Don Juan Tenorio.

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Se suele decir que hay dos personajes que definen la literatura española. Amos son arquetipos de una clase de ser humano. Simbolizan algunas de las características que le concedemos al carácter de los seres humanos. Son el inmortal caballero de la triste figura Don Quijote y el vital conquistador arrogante Don Juan Tenorio. Por un lado tenemos al soñador empedernido que en su mundo de sueños se enfrenta a gigantes imaginarios y libera a delincuentes oprimidos. Un romántico imposible que sublima todos sus apetitos humanos a la persecución de un ideal de pureza anacrónico. Don Quijote sueña con un mundo que nunca existió. La cultura galante y aventurera de los nobles caballeros medievales. Pero en el mundo de sueños de Don Quijote no se trata de realizar las mismas hazañas de antiguos caballeros medievales, se trata en el noble Don Quijote de intentar vivir sus hazañas. La vida del inmortal Quijote no busca encontrar la gloria, solo quiere perseguirla. Una vida intentando lograr lo extraordinario es mejor que una vida apacible y segura. Al loco de La Mancha se le quiere por eso. Representa lo mejor de nosotros como seres humanos, nuestra capacidad de soñar y seguir luchando por nuestros sueños a pesar de las derrotas que podamos sufrir en el camino. Todos deseamos ser secretamente unos Quijotes.

El caso contrario es el de Don Juan. Si Don Quijote es la pureza y la sublimación en Don Juan encontramos la lujuria y el gusto por el placer inmediato y tangible. La figura de Don Juan se agiganta porque en su arrogancia representa al hombre que está convencido que puede lograrlo todo. En su voluptuosidad está convencido de que nada le está prohibido y que debe emprender una búsqueda constante por los placeres inexplorados. Quizás en ese punto se parezcan ambos personajes. Ambos son incansables buscadores de emociones y aventuras. Representan al hombre activo que toma la vida y se la lleva por adelante. Los dos personajes son transformadores de su sociedad. La diferencia fundamental está en que mientras la suerte le es esquiva a Don Quijote, siempre le sonríe a Don Juan. Es el perfecto ganador que la civilización occidental siempre ha amado desde el tiempo de Aquiles o de Gilgamesh.



La pasión es uno de los atributos de Don Juan. Vive la vida con total apasionamiento y su único ideal es él mismo. Solo sirve a una causa, la suya. Para Don Juan la fuente infinita de placer son las mujeres y un personaje tan sensual como él solo puede concentrarse en el trabajo de obtener placer. ¿Quién no ha soñado alguna vez con llevar la vida de Don Juan? Que todo nos esté permitido, que todo lo podamos lograr, que las mujeres nos amen a pesar de nuestros defectos. Es en definitiva el ideal de cada uno de los hombres.

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El mito de Don Juan tiene tres versiones que son consideradas las más importantes. Primero mencionaremos a la que unió la música con la literatura. La espléndida obra maestra de Mozart. Don Giovanni es exquisita en su presentación del mito. Don Juan encuentra su música. Todo los que hayan escuchado la magnífica Ópera de Mozart siempre asociarán a Don Juan con alguna aria de Don Giovanni. El comendador de Sevilla siempre se nos antojará surgir de ultratumba con el fondo musical de Mozart. La vitalidad del personaje y lo sombrío de su destino se cuentan con maestría absoluta en Don Giovanni.

La segunda obra que mencionaremos es en realidad la primera de las obras que recrea el mito de Don Juan Tenorio. Se trata de «El burlador de Sevilla y el convidado de piedra» de Tirso de Molina. La pieza teatral de Tirso es también la más cruda de todas las versiones del villano. En la obra de Tirso Don Juan es despiadado, orgulloso, vanidoso y blasfemo. El dramaturgo le concedió todos los vicios humanos para hacerlo abominable y sin embargo hay algo en su Don Juan que nos cautiva. La vitalidad y el amor por la vida del Tenorio nos roban las simpatías. Además su eterna búsqueda de aventuras y placeres simboliza de alguna forma nuestras vida ¿Quién no ha soñado alguna vez con lograr todo lo que consigue Don Juan? Quizás por pudor no nos atrevemos a confesar lo cercano que están nuestros pensamientos prohibidos a la honestidad canalla de Don Juan, pero sabemos que ese villano tiene algo de nosotros. En la obra de Tirso el burlador de Sevilla tiene un final terrible, abominable y fantástico. El Tenorio de Tirso silo puede merecer el infierno y eso es lo que consigue.

La tercera versión que mencionaremos del mito es la de Zorrilla. Considerada por muchos la mejor obra escrita sobre el conquistador Tenorio, la adaptación de Zorrilla toma los mejores aspectos de la obra de Tirso de Molina, los pule y ordena de acuerdo a un final distinto y reescribe algunos pasajes que ya son inmortales: «Partid los días del año, entre las que ahí encontráis. Uno para enamorarlas, otro para conseguirlas, otro para abandonarlas, dos para sustituirlas, y una hora para olvidarlas» o el profundamente democrático «Desde una princesa real a la hija de un pescador, ¡oh! ha recorrido mi amor toda la escala social. ¿Tenéis algo que tachar?» Quizás los ideales de democracia se forjaron en las páginas del Tenorio. En la obra de Tirso hay una frase inmortal que alude a la piedad divina con burla «Tan largo me lo fiaís»

La versión de Zorrilla difiere también en que le da un final piadoso a Don Juan. Al final de la obra el espantoso y muerto viviente Comendador Don Gonzalos fracasa en su intento de llevar al infierno a Don Juan y es vencido por la piedad y el amor que doña Inés le dispensa a Don Juan. Un final quizás complaciente pero que no le quita méritos a la sensacional adaptación de Zorrilla.

Afortunadamente tenemos gracias a Internet la obra a disposición de todo el mundo y usted, estimado lector, puede acceder a esta obra con este enlace.

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