El tedio del trabajo en El comerciante de Franz Kafka

‘El comerciante’, de Franz Kafka es un relato que ilustra como para este narrador cualquier actividad cotidiana puede ser enfocada por la contingencia de la soledad y la frustración. Un comerciante se aburre de su trabajo porque vive solo y su labor le absorbe las mejores horas del día, teniendo que programar su vida en función de un negocio que se actualiza como obligación imponiendo su ritmo.

Estatua de Franz Kafka

Estatua de Franz Kafka

Franz Kafka (1883-1924) fue un escritor checo que exploró en su narrativa los conflictos internos de la condición humana. Muchas veces bajo una apariencia de monotonía, orden impuesto por el deber, cotidianeidad, se revelan males, contingencias e insatisfacciones profundas, que dominan la vida de los personajes de estos relatos atrapados en un curso marcado por un destino al que resulta imposible darle la vuelta. Los personajes anónimos de varios cuentos de Kafka han sido actualizados como arquetipos del drama humano.

Kafka fue hijo de comerciantes judíos, por ello no le fue ajeno el tedio producido por el férreo trabajo que sobreviene como obligación. En su cuento ‘El comerciante’, el narrador relata el aburrimiento de la vida dedicada al mantenimiento del negocio, sin descontar la inseguridad de tener su dinero en bancos como si estos fuesen personas intangibles y desconocidas. Lo que remata el descontento de este personaje reflexivo y autocrítico es su soledad, la falta de una familia que vele por él en el campo afectivo.

Un único remanso fugaz aparte del trabajo
La esperanza en el cuento está denunciada como la aproximación a las expectativas vitales. El narrador no tiene hijos, por ello se conforma al acariciar el pelo de los niños a la salida de su trabajo rumbo a su casa. Este hombre se siente solo, a pesar de tener empleados con quienes no ha podido socializar de forma cabal. Su comercio lo tiene descuidado, desarreglado, pues esa actividad programa las mejores horas de su vida, con el ritmo de la rutina que lo consume al haber perdido el gusto por lo que hace.

La soledad parece no tener solución en la vida del narrador, por ello se acerca a los niños como materialización de su anhelo. También esta voz contempla a los otros que tienen una vida organizada por un destino que sí les ofrece continuidad, son gente que hasta puede agitarse al esperar que les abran la puerta en sus hogares, sensación desconocida para el comerciante que debe pensar en la moda de los artículos más vendidos en provincias, perdiendo ocasión de hallar un destino más satisfactorio.

La vida de un comerciante mediano no se actualiza como éxito pleno mientras su mente da vueltas sobre ideas de frustración, principalmente por la soledad que se enraíza en su vida haciéndose estructural e insalvable. La esperanza de un núcleo familiar está diluida en un hombre arrastrado por la inercia de su trabajo, quien tendrá que resignarse a acariciar a los niños que encuentra camino a su casa, después de atender su negocio.

Podéis leer el cuento aquí

Foto: Kafka por bluelineswinger en Flickr

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