Emilio Prados: el editor de la Generación del Veintisiete

Este 2012, se cumplen cincuenta años desde el fallecimiento del poeta malagueño Emilio Prados. Miembro de la Generación del Veintisiete y editor de las obras de muchos de sus compañeros, fue un lírico de excelente calidad al que, a veces, se ha comparado con los místicos por la densidad de sus composiciones.

Triste es el sino de algunos poetas que, por pertenecer a un grupo generacional importante y a pesar de su calidad lírica, han quedado relegados por la historiografía literaria a un segundo plano. Pero, cuando se milita al lado de figuras de la talla de Pedro Salinas, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre o Gerardo Diego, esa circunstancia es, probablemente, inevitable. Mayor fortuna hubieran tenido de haber nacido en otra época de menor altura poética.

Emilio Prados estudió en la Universidad de Friburgo

Emilio Prados estudió en la Universidad de Friburgo (en la foto, una vista de esa ciudad germana)

Este es el caso del andaluz Emilio Prados (Málaga, 1899-1962), de cuya muerte se cumplen en este 2012 cincuenta años y que, además, realizó una impagable labor editorial de la obra de sus colegas.

Porque Prados, cuya familia poseía una situación económica holgada, recibió como regalo de su padre en 1924 la Imprenta Sur. A través de ella y en colaboración con el también malagueño Manuel Altolaguirre, publicaría una de las revistas más importantes de la lírica española: ‘Litoral’. En ella aparecerían muchas composiciones de los miembros de la Generación del Veintisiete (además de las de ambos). Por si ello fuera poco, la imprenta sirvió como editorial para muchos de sus libros más importantes. Al mismo tiempo, el poeta malagueño colaboraba con otras publicaciones poéticas tales como ‘Ínsula’ y ‘Hora de España’ (ésta última, dirigida por Rafael Alberti y, más tarde por él mismo).

Como poeta, Emilio Prados muestra, en sus comienzos, una fuerte influencia de Juan Ramón Jiménez y un marcado interés por las formas populares. Son los poemas recogidos en libros como ‘Tiempo’ o ‘Cuerpo perseguido’, que tratan temas como la soledad, el paso del tiempo y, de forma muy destacada, la contemplación serena y reflexiva de la Naturaleza. Ritmos leves, acendramiento expresivo y simbolismo del mar y el cielo completan los rasgos principales de esta etapa. A ella sigue -como también ocurre con otros integrantes del veintisiete- un periodo surrealista con ‘La voz cautiva’ y ‘Andando, andando por el mundo’ en la que ya comienzan a apreciarse preocupaciones sociales.

Emilio Prados se instaló, tras la Guerra Civil, en Ciudad de México

Emilio Prados se instaló, tras la Guerra Civil, en Ciudad de México (en la foto, el famoso "Zócalo" de esa gran urbe)

Éstas se agudizan poco después, cuando entra en una fase de poesía política que coincide con los años previos a la Guerra Civil y de su desarrollo. A ella pertenecen libros como ‘Cancionero menor para los combatientes’ o ‘Llanto subterráneo’, en los que la calidad lírica cede el protagonismo a las urgencias del momento. Sin embargo, ya en el exilio mexicano, retornará Prados a sus temas de siempre.

Se inicia así la última etapa de su lírica con creaciones espléndidas como ‘Jardín cerrado’ o ‘Memoria del olvido’. El poeta vuelve a su dolorida intimidad para mostrar su preocupación por los problemas existenciales, al tiempo que, formalmente, trata de enlazar con los viejos modelos clásicos, en especial los petrarquistas. Junto a todo ello y al igual que otros autores del exilio, se aprecia en sus composiciones una fuerte nostalgia de la patria. Por esta época, además, su lírica adquiere máxima condensación y ello dificulta su lectura. Emilio Prados, al igual que su amigo Altolaguirre, han sido colocados siempre por la historiografía literaria en un segundo plano respecto a sus compañeros de generación. En buena medida, en el caso del primero, ello se debe a la aludida densidad lírica que presentan sus obras, a la que acompaña un ensimismamiento en su ser más íntimo que lo convierten en un autor complejo (no en balde, se ha comparado su dificultad con la de los místicos). Él mismo hablaba de su obsesión por elaborar las palabras hasta dejarlas “terminadas de cuido y de belleza”. Sin embargo, se trata de una poesía bellísima y de extraordinaria calidad técnica que, sin duda, merecería mayor atención en la actualidad.

Fuente: MCN Biografías.

Fotos: Luigi Rosa y Clinker.

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