Enrique Jardiel Poncela, renovador de la risa

En 2012, se han cumplido sesenta años desde la muerte de Enrique Jardiel Poncela, uno de los más geniales autores cómicos del siglo XX. Con sus obras, se propuso renovar la risa, es decir, crear una comedia de más altas miras intelectuales basada en lo inverosímil que, en ciertos momentos, se asemeja al «teatro del absurdo».

El Café Gijón

El mítico Café Gijón, donde Jardiel acostumbraba a escribir

El presente año se ha cumplido el sexagésimo aniversario de la muerte de uno de los más grandes genios de la comedia que han dado las letras españolas y, como suele ocurrir por estos pagos, ha pasado más bien desapercibido para las instituciones académicas. Se trata de Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 1901-1952), quién se propuso la loable tarea de renovar la risa, es decir, de mejorar los mecanismos teatrales que la provocan en el espectador.

Nacido en el seno de una familia de intelectuales –su padre era matemático y latinista y su madre pintora-, Jardiel se convirtió pronto en un dandy al que gustaba la vida nocturna de los cafés (durante muchos años fue asiduo del Gijón). Ya en su juventud, conoció a Serafín Adame, con quién escribiría un buen número de piezas para la escena. Hasta que un día, disgustado por la calidad de lo que estaban produciendo, decidió trabajar en solitario aunque tuvo la generosidad de regalarle a su amigo los derechos de todas las obras que habían escrito hasta entonces.

En ese momento comienza la verdadera carrera literaria de Jardiel, que abarca novelas, relatos breves y, sobre toda, comedias, muchas y extraordinarias comedias. Por entonces, el género seguía unos cánones sencillos: escenarios realistas y comicidad basada en las situaciones, el chiste fácil y el equívoco lingüístico. En vista de ello, se propuso renovarlo introduciendo en él una mayor altura intelectual y artística que la crítica, en muchas ocasiones, no supo entender. No así el público que llenaba los teatros para ver sus obras.

Así, la comedia jardieliana se basa en lo inverosímil. Convencido de que lo que ocurre sobre las tablas nada tiene que ver con la realidad cotidiana, sus piezas encadenan situaciones irreales que, a veces, lindan con el «teatro del absurdo» que por entonces cultivaba Samuel Beckett y, más tarde, Eugene Ionesco. A ello hay que añadir una comicidad de tipo intelectual, plena de agudeza y mordacidad, que utiliza más el equívoco lingüístico que el chiste fácil y un absoluto dominio de la construcción dramática que le permite dosificar el humor dentro de la trama.

Hollywood

Una imagen de Hollywood, donde Jardiel trabajó una temporada como guionista

Buena muestra de todo ello es una de sus piezas más conocidas, ‘Cuatro corazones con freno y marcha atrás’, cuyos protagonistas no sólo consiguen el elixir de la inmortalidad sino que revierten el proceso y consiguen rejuvenecer. Esta situación disparatada con la que creen alcanzar la felicidad termina volviéndose insoportable y caen en la más absoluta desesperación. Más hilarante aún resulta ‘El cadáver del señor García’, que parte de un planteamiento curioso: en la vivienda de Hortensia y Abelardo, un matrimonio feliz, aparece el cuerpo de un hombre que se ha suicidado. Movido por un desengaño amoroso, como venganza decidió quitarse la vida en casa de su amante. El problema es que se ha confundido de domicilio y no hace falta señalar los equívocos que ello provoca.

Por su parte, ‘Angelina o el honor de un brigadier’ trata con humor el tema de la infidelidad, ‘Las cinco advertencias de Satanás’ presenta a un calavera que trata de reformarse, ‘Un marido de ida y vuelta’ cuenta la peripecia de un espectro que se ve obligado a presentarse en su casa debido a que su mejor amigo ha incumplido la promesa que le había hecho de no casarse con su esposa o ‘Los ladrones somos gente honrada’ versa sobre un saqueador de guante blanco al que intentan robar sus antiguos compinches. En fin, imposible sería referirse a toda la genial producción de Jardiel Poncela, sin duda, uno de los autores cómicos más importantes del siglo XX. Algo que la crítica de su tiempo no supo ver pero hoy es unánimemente reconocido.

Fuente: Jardiel Poncela Blogspot.

Fotos: A_Rayo y Harshlight.

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