Frankenstein de Mary Shelley

Robert Walton conoce, a bordo de una expedición, a un atormentado hombre, Víctor Frankenstein, el cual le cuenta su trágica historia. El doctor Frankenstein experto en Filosofía Natural había ido más allá de sus límites, consiguiendo dotar de vida a un monstruo a partir de pedazos de otros seres humanos. El problema es que su milagro fue el causante de su desgracia y la de los suyos.

Cartel cinematográfico de la obra

Cartel cinematográfico de la obra

Las versiones cinematográficas y televisivas del mito de Frankenstein han terminado por desvirtuar un poco la densidad de las cuestiones que Mary Shelley planteaba en su obra. Es una lástima, porque las preguntas que se encuentran en sus páginas no son baladíes y una mirada detenida a ellas sería provechosa a toda la humanidad.

El libro de Mary Shelly va mucho más allá de la común imagen que se tiene de Frankenstein. Centrada en la perspectiva del propio Frankenstein, perseguido por todos y huido para salvar la vida, la escritora lleva al lector todas las dudas que saturan la mente del monstruo. Un monstruo que lucha por comprender el sentido de su existencia, como si fuera un lobo estepario llevado al extremo, deseoso de entender por qué el mundo lo enfrenta, lo odia por algo que él no sabe que es.

Su pecado es la diferencia, la fealdad, ser el monstruo creado por el delirio de un científico que ha jugado a ser dios. Él es el fruto de un orden distinto, en el que la vida no es un designio divino, si no producto de la actuación del hombre. Y eso no es aceptable.

El título completo del libro Frankenstein o el mito del moderno prometeo, ya adelanta algunas de las preguntas que Mary Shelley quería revisar. En una época en la que el ser humano empezaba ser consciente de su inmensa capacidad de transformación sobre la realidad que le rodea, esa reflexión cobraba una especial importancia. Hoy en día sigue siendo de igual importancia.

Al margen de los debates filosófico morales, el libro es un obra densa, a pesar de no ser demasiado extensa. Hay pasajes, en especial cuando Frankenstein está escondido en las montañas, en las que el ritmo de la narración lo soporta en exclusiva sus dudas, preguntas y pensamientos.

En esos momentos, la trama no parece avanzar, pero la paciencia, el saber que es necesario esa transición confusa antes de llegar al desenlace, ayuda a hacer más llevadera la obra. En realidad, Shelley sumerge al lector en la misma cueva oscura que su monstruo, sólo con sus pensamientos, deseando regresar a la ciudad, pero asustado de las consecuencias.

El desenlace merece la pena y, aunque el mito sea archiconocido, la obra consigue sorprender, precisamente por esas nuevas perspectivas que ofrece que enriquecen mucho a nuestro Frankenstein. Nuestro porque, no todo el mundo conoce a Mary Shelly, pero su moderno prometeo ha abandonado su lado, para formar parte de la cultura popular por sí mismo.

Puedes leer el libro gratis aquí

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