Gregorio Marañón o la pasión de estudiar

Este año se cumple el ciento veinticinco aniversario del nacimiento del escritor Gregorio Marañón. Integrante de la Generación de 1914 (la de Ortega y Gasset), fue un eminente médico y un notable ensayista que analizó las pasiones humanas a la luz de los rasgos físicos y psicológicos de grandes personajes históricos o míticos.

Cuando se trata de caracterizar una época literaria, siempre se corre el riesgo de caer en generalizaciones inevitables. Sin embargo, aún a costa de ello, podríamos decir que, si la Generación del Veintisiete es esencialmente poética, con figuras como Lorca, Alberti, Vicente Aleixandre o Pedro Salinas, la de 1914 también conocida como novecentista es fundamentalmente ensayística. En esos momentos coinciden, al amparo de Ortega y Gasset, una serie de intelectuales que enriquecen enormemente el panorama cultural español al poner en contacto –quizá por vez primera en nuestra historia- el pensamiento europeo con el nacional.

Gregorio Marañón estuvo muy ligado a Toledo

Gregorio Marañón tenía su finca de descanso en Toledo

Entre ellos, inevitable es citar a Eugenio D’Ors, Salvador de Madariaga, Américo Castro, Manuel García Morente o Claudio Sánchez Albornoz.

Y, junto a ellos, a una figura que aúna buena parte de las cualidades del humanismo al estilo renacentista: Gregorio Marañón (Madrid, 1887-1960), de cuyo nacimiento se cumplen ahora ciento veinticinco años y que, a su carácter de médico eminente e investigador, añade el de notable ensayista sobre los temas más diversos. De hecho, su principal biógrafo, Laín Entralgo resalta tres facetas en su personalidad: la de científico, la de historiador y la de moralista. Respecto a la primera, fue un precursor de la Endocrinología y, en cuanto a la tercera, un profundo educador social pero mayor valor literario posee su dedicación a la Historia y a la Literatura.

Una de sus grandes aportaciones en este terreno fue la creación del “ensayo biológico”, que podríamos definir como el estudio de la conducta de un personaje histórico a la luz de sus rasgos psíquicos y fisiopatológicos o, en sentido más amplio, la investigación de las grandes pasiones humanas a través de conocidas figuras cuya conducta se analiza basándose en sus peculiaridades físicas y mentales.

A este original género pertenecen ‘Estudio biológico sobre Enrique IV de Castilla’; ‘Amiel, un estudio sobre la timidez’; ‘Antonio Pérez (el hombre, el drama, la época)’ o ‘Tiberio, historia de un resentimiento’. Pero, sobre todo, dos obras que han arrojado luz y no pocas polémicas sobre sendas figuras, histórica una y mítica la otra. La primera es el Conde-duque de Olivares, del cual analiza su pasión por mandar. Pero aún más interesante y controvertido es su trabajo sobre don Juan Tenorio, al que dedicó varios estudios que, habitualmente, se agrupan bajo el título genérico de ‘Don Juan. Ensayos sobre el origen de su leyenda’.

Gregorio Marañón estudió en profundidad el mito de don Juan Tenorio

Gregorio Marañón estudió en profundidad el mito de don Juan Tenorio. En la foto, una representación de la obra

En ellos, considera al burlador de Sevilla como fruto de la relajación moral de los Siglos de Oro, tomando como ejemplo la secta de los Alumbrados, que mezclaba sexo y religión. En este sentido, concluye que Tirso de Molina debió basarse para su criatura en un personaje real. Éste muy bien pudo haber sido –siguiendo a Marañón- Juan de Tassis y Peralta, Conde de Villamediana, poeta cortesano cuya osadía como seductor le causó la muerte por encargo, según se especula, del propio Rey Felipe IV y al que estudia desde un punto de vista físico y psicológico. También la supuesta novia (que no fue tal) de este personaje es analizada por el doctor: se trata de doña Isabel de Borbón, esposa del citado Felipe IV e hija de Enrique IV de Francia. En cualquier caso, lo más interesante y polémico de estos trabajos son sus conclusiones: don Juan es un personaje incapaz de amar y escasamente viril que necesita de la conquista a la mujer para reafirmar su masculinidad.

Fue, en suma, Marañón uno de los grandes intelectuales del siglo XX, una de las más importantes figuras de la muy erudita Generación de 1914 y, sobre todo, un ensayista que –al modo del Humanismo renacentista- supo conciliar de forma perfecta la Ciencia y las Letras.

Fuente: Fundación Gregorio Marañón.

Fotos: Tnarik y El coleccionista de instantes.

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