Hamlet, de William Shakespeare

Tal vez hoy todos los críticos de literatura coincidirían en que Hamlet es la obra más importante o compleja de cuantas ha traído Shakespeare al mundo, con el permiso de Macbeth, y que se ha ganado por derecho propio su presencia en los libros de texto. Una obra de teatro donde la venganza, el miedo a la muerte (y a la vida) y el honor, no como una parte del ser humano sino como todo cuanto hace con sus manos, se codean con los recursos más existencialistas de Shakespeare.

Aunque Hamlet es el heredero al trono de Dinamarca, el reciente fallecimiento de su padre y la inmediata boda de su tío (paterno) con la viuda, hace que éste le arrebate la corona. Hamlet, hundido en una profunda depresión y desencanto por el mundo, se reencuentra con su humilde y leal amigo Horacio, quien lo lleva consigo esa misma noche de vigía donde se encuentran con el fantasma del padre del joven danés, que le revela a su hijo que ha sido asesinado por el nuevo rey. Tras esto, Hamlet llevará a cabo un plan de venganza que empieza convenciendo a cuantos le rodean de que se ha vuelto loco y pretende acabar con la vida de su tío.

Al margen de la sed de sangre que se intuye en la obra, Hamlet es una historia de amor. Durante la gran tragedia que le supone al protagonista esta revelación, se ve obligado (y lo obligan) a cortar sus aventuras amorosas con la hija de Polonio, el fiel servidor del nuevo rey. Entre numerosos monólogos, Shakespeare nos trae el amor entre estos dos personajes como la búsqueda total y completa de la belleza, el milagro que, una vez interrumpido por la nueva locura de Hamlet, está destinado a la tragedia. La desdichada Ofelia, enamorada de un loco que la corte cría para convertirlo en rey, adquiere el papel de víctima de las ironías y también los castigos de Hamlet.

También es una obra que guarda escenas de enorme dramatismo (Hamlet presentando la función teatral, discutiendo con su madre en el dormitorio real, la famosa escena de “ser o no ser”) e, incluso, escenas que chocan con la ideología de la época (como el culto al suicidio) o cargadas de una enorme pasión sin límites, como la discusión en el cementerio (en mi modesta opición, el punto cumbre de la obra: Hamlet dice “¿qué piensas hacer por ella? ¿vas a llorar, combatir, negarte al sustento, hacerte pedazos, beber todo el Esil, comerte un cocodrilo?”).

Definitivamente, un libro a tener en cuenta, ya no solo para conocer a Shakespeare o el teatro inglés de su época, sino para comprender toda la literatura. Para conocer al personaje protagonista, uno de los más ricos psicológicamente en la historia de la literatura, y del que parece que derivan todos los demás. E incluso nosotros mismos, a veces, cuando sufrimos, tememos, lloramos.

Puedes leer esta obra aquí.

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