Heráclito, el Oscuro

La obra de Heráclito es una de las más importante de la escuela griega y afortunadamente la podemos revisar gratis en internet

Uno de los más grandes filósofos clásicos fue Heraclito, aunque en su caso debamos hablar de filósofos preclásicos ya que su obra es anterior a Platón y Aristóteles (filósofos a los que sí se puede llamar clásicos), aunque en el reino de la pedantería académica quizás una clasificación tan simple saque «ronchas» (ronchas en el español de algunos países de América alude a las inflamaciones con ardor producto de las picaduras de arañas u otros mosquitos). En definitiva mucho del pensamiento actual de la civilización occidental se debe a la obra de Heraclito. No me refiero únicamente a las discusiones teóricas de filósofos y otros académicos, también está presente su pensamiento filosófico en las creencias y costumbres populares del pueblo. El vulgo como se le conoce.

La obra fragmentada de este filósofo de Efeso nos ha llegado intacta en su capacidad de conmover. El hombre que propuso al fuego como la fuente de todo el universo. El cosmos en el que percibimos nuestra realidad. Se trata claro está de uno de los filósofos físicos que agrupaba a aquellos pensadores como Tales o Anaxímenes que fundamentaban el origen de todo en un principio de la naturaleza, sea el agua, el aire o el fuego. Lamentablemente, como sucede con la obra de casi todos los grandes filósofos, la obra de Heraclito nos ha llegado fragmentada o comentada por otros grandes filósofos como Platón. Pero para fortuna nuestra, habitantes de este mundo hipertecnológico del siglo XXI esos fragmentos se pueden encontrar gratuitamente en la gran biblioteca del mundo: la fabulosa red de redes Internet.



La obra de Heraclito es fundamental para todos nosotros porque de alguna manera hemos heredado todos su pensamiento. La idea de un universo contradictorio que sin embargo se manifiesta en armonía es algo común a todos. La lucha constante entre los contrarios se transforma en ese concepto universal que todos los hombre tenemos del bien y el mal. Pero claro esa es una deformación a la que hemos llegado en un proceso largo, dicen que los conocimientos se heredan genéticamente. También se aplica este proceso hereditario a los recuerdos, pero ya corruptos por otros pensamientos e ideas. Lo fundamental es que todos tenemos en la mente una idea del universo como una lucha constante entre elementos contrarios y que ello es lo que deviene en la armonía que soporta el universo. Este mismo concepto fue tomado por el gran Zoroastro en la elaboración de la gran religión persa que lleva su nombre. Claro que Zoroastro fue más allá y simplificó esta lucha elementos contrarios en dos conceptos que hoy son universales: el bien y el mal. Todos nuestros conceptos del bien y el mal derivan del pensamiento religioso de Zoroastro y como se puede ver esta doctrina religiosa tiene muchas coincidencias con el pensamiento del gran Heraclito. Otra similitud fuerte se puede encontrar en el Brahmanismo. La poderosa religión de la India propone una dualidad entre el ser humano y la divinidad o absoluto. El hombre es el Atman y la divinidad absoluta es el Brahman. Esta dualidad sin embargo es aparente ya que al llegar el hombre al estado de iluminación o Moksha comprende que esa dualidad no es tal, ya que el Atman y el Brahman son la misma entidad. La armonía de esta dualidad es la que permite al hombre ser parte de la divinidad y trascender a un plano superior. Es importante hacer notar que el concepto de armonía entre contrarios es similar en Heraclito y si nos dedicamos a ser tremendistas con esta información podemos afirmar que en realidad somos la divinidad dividida en mucho fragmentos. Entonces el hombre es Dios.

Dejando de lado el tema de la armonía de los contrarios pasemos al concepto fundamental de Heraclito, aquel por el que es recordado por la mayoría de personas. El concepto en esa frase inmortal (que le atribuyó Platón) que enunciada dice lo siguiente: «Nadie se baña en el río dos veces«, espectacular frase que hoy todos damos por cierta y elemental, pero que en su tiempo fue todo una revolución. El concepto del devenir y de la eterna transformación de las cosas, un mundo en el que todo se transforma y fluye así eternamente. Esta idea de Heraclito la encontramos nuevamente en otra escuela de pensamiento universal: a antigua religión de la India de los Brahmanes.

Para los brahmanes la idea de la transformación constante deriva en el concepto de reencarnación. El hombre es premiado por su lucha interna entre el bien y el mal. Si al final su existencia se decantó por el bien en su siguiente reencarnación será un ser levado más elevado. Si por el contrario el balance final de su vida determina que fue un hombre malo su siguiente reencarnación será un mosquito o cualquier animal que vive en el terror de la selva.

Esta idea de Heraclito, también llamado el «Oscuro», nos permite derivar en un concepto obvio. Si todo se transforma entonces la vida es eterna porque la muerte es solo un paso más el camino de la transformación. Un cambio de estado de la energía o espiritual, pero no un final. Todo es eterno y duradero, solo que se transforma.

La grandeza de la obra de Heraclito está fuera de toda discusión. Hay que reconocer que más de uno ha pensado alguna vez que esa fabulosa posibilidad de vida eterna en constante transformación. Es como nuestro conocimiento secreto del cambio en la vida., sin dejar de ser vida.

Finalmente una reflexión acerca del final de los días de Heraclito. El filósofo sufrió una terrible muerte enterrado en estiércol o heces de caballos. Hay que añadir que él mismo ordenó que lo cubrieran de excrementos buscando curarse de una enfermedad. Tiempos empíricos que propiciaban la búsqueda del saber con actos que hoy nos parecen ridículos y que fueron realizados por los hombres más sabios e inteligentes de su época. El «Oscuro» murió de una forma oscura.

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