En el centenario de Ignacio Agustí

Injustamente olvidado hoy, Agustí narra en su voluminosa creación el devenir de la ciudad de Barcelona desde los albores de la Revolución Industrial hasta la Guerra Civil española.

Edificio modernista de Barcelona

El tiempo suele ser caprichoso con la fama de los escritores. A veces, la posteridad olvida a algunos muy estimables mientras recuerda a otros de menos valor sin que se sepa muy bien por qué. Sin salir de la literatura española, hoy son muy poco tratados, por ejemplo, novelistas como Felipe Trigo, Manuel Andújar, Wenceslao Fernández Flórez o José María Gironella, todos ellos excelentes narradores adscritos a un realismo de tipo tradicional. Y es que, quizá, ahí resida el motivo de su postergación: la crítica mayoritaria prefiere a aquéllos que llenan sus páginas de audacias estilísticas que, cuando menos, aburren a las piedras.

Al igual que los mencionados, hoy casi nadie recuerda al catalán Ignacio Agustí (Llissá de Vall, 1913-1974), de cuyo nacimiento se cumplen cien años este 2013. Por este motivo, el periodista y crítico literario Sergi Doria acaba de publicar su biografía con el título de ‘Ignacio Agustí, el árbol y la ceniza’, en alusión a su más famosa pentalogía narrativa.

Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona, la trayectoria literaria de Agustí se inicia antes de la Guerra Civil. Entonces escribe en catalán y cultiva todos los géneros, con obras dramáticas como ‘L’esfondrada’ (‘El hundimiento’), novelas como ‘Diagonal’ y poesía, con ‘El veler’ (‘El velero’). Pero, tras la contienda, con la prohibición oficial de esta lengua, se pasa al castellano. Así, en 1942, publica ‘Los surcos’, un relato poemático de ambiente rural y enredos sentimentales que evidencia un estilo aún no consolidado. Sin embargo, dos años más tarde, inicia el ciclo narrativo que lo convertiría en uno de los autores más populares de la época: ‘La ceniza fue árbol’.

Se trata, nada menos, que de una pentalogía que narra la historia de una familia de la burguesía barcelonesa desde los albores de la Revolución Industrial hasta la Guerra Civil. Además, junto a las peripecias que atraviesan los Rius (así se apellidan), se nos presenta la historia social, política y económica de la Ciudad Condal a lo largo de esos años decisivos.

Teatro del Liceo, en Barcelona

La primera novela de la serie es ‘Mariona Rebull’, donde conocemos los orígenes de la familia, con el matrimonio entre la protagonista, que da título a la obra, y Joaquín Rius, que se casa con ella solamente para mejorar su posición social. Nos hallamos a finales del siglo XIX y, entre los sucesos que se narran está el trágico atentado anarquista en el Teatro del Liceo. Tras ella, llegó ‘El viudo Rius’, centrada en los primeros años del XX y, de forma especial, en los conflictos sociales de la época. Los mismos hechos se reflejan en ‘Desiderio’, tercera entrega, pero en ella Agustí se ocupa más del aspecto anímico de los personajes. En cuanto a su argumento, presenta la incapacidad de un señorito burgués para asumir las responsabilidades que su padre intenta inculcarle. Finalmente, ‘Diecinueve de julio’ y ‘Guerra Civil’ se centran en los años de la Segunda República y en el subsiguiente conflicto bélico.

Se trata, en definitiva, de una obra monumental en la que, con estilo realista y a veces incluso periodístico, Agustí recrea la vida de Barcelona en aquellos años. Sobre ella, se rodó una película en 1947 a cargo de José Luis Sáenz de Heredia y una serie de televisión en los años setenta. Además, el escritor catalán publicó unas memorias, ‘Ganas de hablar’, en las que, en buena medida, se ha inspirado Doria para su biografía. Un texto en el cual, por cierto, se refleja muy bien el carácter introvertido y el espíritu autodestructivo de Agustí. En suma, es el de éste un aniversario más que pasará desapercibido para la crítica mayoritaria (como ocurrió con los de las muertes de Menéndez Pelayo, August Strindberg o Evaristo Carriego el pasado año, por ejemplo), aunque el talento literario del escritor catalán merecería mayor atención.

Fuente: ‘ABC’.

Fotos: Jordi D. A. y Manuel Martín.

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