Ilia, de León Tolstoi, la búsqueda de la felicidad

Rusia es un país singular por muchos motivos. En literatura, tras siglos de anonimato, en el XIX se produce su despertar y, en pocos años, presenta una pléyade de excepcionales escritores. Uno de ellos es León Tolstoi, que, en Ilia, nos presenta condensado todo su ideario vital de humildad y de ayuda al prójimo.

Rusia ha sido siempre un país difícil de comprender para el extranjero. Cuando el resto de Europa vivía instalado en el Liberalismo y había desarrollado –en mayor o menor medida- la Revolución industrial, el gigante del este aún se regía por una monarquía absoluta y su sociedad era casi feudal, con un campesinado sometido a servidumbre.

Del mismo modo, su literatura no deja de ser peculiar. Prácticamente anónima hasta el siglo XIX, experimenta en ese momento un desarrollo excepcional, llegando –en la segunda mitad de la centuria- a contar con figuras de la talla de Fiódor Dostoievski, Iván Turgénev, Nikolai Gogol o Antón Chéjov, que se encuentran entre los principales autores de la literatura de todos los tiempos y que son responsables de la aparición del llamado Realismo espiritual, consistente en añadir a la reproducción fotográfica de la realidad propia del momento el componente idealista.

Retrato de Tolstoi

Retrato de Tolstoi trabajando en su estudio

Pero, probablemente, quién mejor personifica esta corriente sea León Tolstoi (Yasnaia Poliana, 1828-1910) por su carácter de aristócrata que liberó a sus siervos y les brindó educación.

Y es que Tolstoi fue, además de un genial novelista, un hombre regido por el ideal cristiano de amor al prójimo que desarrollaría su pensamiento en varios ensayos pero, sobre todo, en su vida, tratando de mejorar las condiciones de los desfavorecidos. Por este motivo, también defendía un ideal del arte como fuente de educación.


Todo ello le convirtió en una suerte de santo laico, un patriarca al que se acercaban desde puntos muy lejanos para pedir consejo y cuyas opiniones eran seguidas por multitudes.

Su obra narrativa cuenta con dos obras esenciales para la literatura universal: Ana karenina, novela psicológica sobre la insatisfacción vital y el adulterio y, sobre todo, Guerra y Paz, un vasto mosaico de la sociedad rusa durante las invasiones napoleónicas y que se considera una de las mejores obras que jamás se hayan escrito.

Foto de Moscú

Una vista de Moscú, donde Tolstoi vivió una frívola juventud

Pero Tolstoi también escribió numerosos cuentos, género en el que veía un modo adecuado de exponer sus ideas. Uno de ellos es Ilia, que narra el ascenso y caída de un hombre laborioso que, cuando se encuentra en su momento de mayor riqueza, no halla una felicidad que sí parece alcanzar una vez que lo ha perdido todo y tiene que servir a un amo.

Así lo expone la esposa del protagonista, explicando que la verdadera felicidad se encuentra, no en poseer riquezas, sino en tener una familia feliz, conformarse con lo necesario y tener tiempo para la espiritualidad.

Todas las ideas de Tolstoi se condensan en este breve relato, un claro exponente de su concepción de la vida y que posee una extraordinaria calidad.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: El poder de la palabra.

Fotos: Retrato de Tolstoi: Tschäff en Flickr | Moscú: JToledo en Flickr.

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