La casa Tellier

La casa de Tellier es uno de los mejores cuentos de uno de los más grandes autores de cuentos de todos los tiempo. Guy de maupasant.

Solo Maupassant pudo contar una historia tan simpática y llena de luz acerca de un prostíbulo como lo hace en el incomparable cuento «La Casa Tellier». La descripción de la vida cotidiana de las trabajadoras sexuales y sobre todo de los clientes es una delicia en sus detalles. No utiliza para nada Maupassant una mirada condenatoria con el mundo de la prostitución, tampoco intenta dar lecciones de moral, menos cae en la tentación de retratar el mundo del comercio sexual como algo sórdido y oscuro. Todo lo contrario, las prostitutas de la Casa Tellier son las adorables sacerdotisas sagradas de la vieja región de Normandía en la Francia del siglo XIX.

«En fin, La Casa Tellier era una costumbre, y raramente alguno se perdía la cita cotidiana». Indica uno de los párrafos del cuento y describe perfectamente el mundo que retrata Maupassant.

El cuento narra como las trabajadoras de un burdel deciden dar un viaje fuera de la ciudad para participar en la primera comunión de la ahijada de la regenta de la ciudad. El relato nos presenta la doble moral del pueblo cuando se trata a las prostitutas. Por un lado están los provincianos que las reciben con alegría al llegar ellas al bautizo. La posición social que ellas tienen es de privilegio debido a que cuenta con mucho dinero y por eso son respetadas por los hombres de provincias.

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Por otro lado tenemos la percepción que tienen de ellas los burgueses y los marineros de la ciudad. Para ambos grupos las mujeres del burdel son una necesidad de placer ineludible, pero mientras los marineros exhiben sin poder su adicción al burdel, los burgueses lo hacen con temor y discreción. Sin embargo ambos grupos humanos encuentran a las prostitutas como una fuente de felicidad y alegría.

Uno de los momentos mejor logrados del cuento es cuando los clientes de la ciudad se enteran de la partida de las muchachas. Uno tras otro van llegando los parroquianos a la puerta del burdel para luego retirarse y en el camino encontrar a otros decepcionados clientes que no encuentran explicación por el cierre de tan querido local. A pesar de las diferencias personales que existen entre los clientes todos se dirigen al rompeolas para ver el mar y relajar la tensión de no encontrar a sus queridas trabajadoras sexuales. Lamentablemente la belleza de las aguas no consigue consolarlos y se dispersan con algunos momentos de peleas y discusiones entre ellos. Una espléndida mirada al grupo humano de los consumidores de sexo pagado sin caer en juicios morales y observándolos con abierta simpatía.



En la descripción de la celebración de la primera comunión de la niña ahijada de la regenta del burdel se pueden apreciar amables momentos que describen la buena voluntad de las prostitutas a pesar de tan poco reputado oficio.

Un aspecto que merece resaltarse en el cuento es la descripción minuciosa que hace el autor de cada una de las trabajadoras sexuales. Una por una las va describiendo el autor con el conocimiento que solo puede tener un frecuente cliente de los servicios de las prostitutas. Como se sabe Maupassant era un verdadero adicto a los burdeles que murió de sífilis probablemente a causa de los descuidos que cometiera en sus visitas a las damas de compañía.

La prostitución, un ambiente que conocía bien Maupassant es visto con simpatía y con humor en su clásico cuento «La casa Atellier». Las mujeres que ejercen el oficio más antiguo del mundo son vistas como fuerzas de la naturaleza que con su paso no dejan indiferente a nadie y procuran felicidad en cualquier lugar.

En la campiña donde se realiza la comunión son vistas como unas extranjeras ricas y refinadas que traen alegría y distinción a un pequeño pueblo de provincia. Las prostitutas son celebradas con sincera admiración y provocan esos momentos distintos e inolvidables que las pequeñas comunidades siempre recuerdan.

En la caso de la ciudad, las prostitutas son las que otorgan estabilidad a la gran jauría de hombre sedientos de sexo. Con ellas la vida social de la ciudad tiene un orden y una alegría que se pierde al partir ellas a la campiña. La ciudad sin ellas sufre desmanes de sus clientes más iracundos (los marineros) y vuelve grises los días y noches de sus clientes burgueses. Su presencia en los lugares que visitan trae la alegría que contagia a la sociedad.

tellier.jpgEsta visión simpática y amena del mundo de la prostitución no puede dejar de entretener y llamar la atención. Quizás el autor ignore todos los problemas sociales e individuales que esconde el ejercer el oficio más antiguo del mundo, pero es una opción correcta. Maupassant no pretende pontificar sobre los beneficios de la prostitución sino retratar una realidad social que él particularmente encontraba agradable y necesaria.

Esa es una de las razones por la que el relato es tan bonachón en sus intenciones. No se centra en las desgracias personales de los protagonistas, Al contrario privilegio una mirada cómplice al fenómeno social de la prostitución. No todos los días son una tragedia para las trabajadoras sexuales y lo que desea el autor es mostrarlas en su vida diaria tan plena como la de cualquier otra persona.

Al respecto la parte final que describe el regreso de las ilustres señoras que visitaron la campiña francesa nos presenta la alegría y orden que vuelve a la vida de los clientes citadinos. El lector puede notar la no condena que realiza el autor para con las damas de compañía.

Afortunadamente con los adelantos de la tecnología ya tenemos el bello cuento de Maupassant colgado en internet. Si gusta puede descargarlo en esta dirección y empezar una lectura inolvidable.

Puede leer este cuento gratis en este enlace

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