La Caverna, de José Saramago

Leyendo la primera línea de este libro ya sabemos cómo termina (y esto es lo mejor que vamos a escribir de él). El Nobel de Literatura 1998 desafía nuestra inteligencia en una novela gris, en absoluto concreta y, sobre todo, nulo sentido del progreso. Podéis descargarlo de forma gratuita desde aquí.
caverna.jpgEl libro está ambientado en un pequeño pueblo imaginario. Sus protagonistas son un viejo alfarero y su hija. Ambos luchan contra los “adelantos” del mundo moderno. Ella con menos entusiasmo que él, hay que decirlo en su favor. Ya sabemos de antemano que es una batalla perdida. Podríamos pensar en David frente al gigante Goliat, pero tristemente se queda en un alegato a favor del barro cocido frente al PVC.

Es un relato oscuro, pero más que por la historia, por la línea tan plana que sigue la narración: el malo es muy malo (centro comercial); los buenos son muy buenos (el viejo y su hija). Y los buenos tienen razón absoluta, que es, precisamente por lo que no nos gusta este libro: los extremismos son peligrosos y casi nunca verdaderos, todo tiene más de una lectura, siempre.

El argumento no puede ser más simple; el resultado no puede ser peor. ¿Alguien esperaba que una vieja alfarería pudiese vencer a un macro-centro comercial? Durante todo el libro Saramago trata de que nos impliquemos en la historia, pero es tan convencional, estamos tan acostumbrados a ver en las noticias oficios que se pierden, que ya no nos parece significativo.

Para intentar darle más carga emocional a la historia (aunque sin conseguirlo), el alfarero va a ser abuelo: juventud y savia nueva frente a la decrepitud de la ancianidad, tal como nos lo hacen entender en la novela, claro.

jose_saramago.jpgLa vida en el pueblito se hace insostenible. Sin trabajo, sin futuro, no queda sino morir. Pero el autor se guardaba un as en la manga: el yerno del protagonista es contratado como vigilante en el centro comercial y nuestro hombre se traslada a vivir allá. No hace falta comentar que éste es uno de los puntos de inflexión de la novela. Pero el viejo no puede soportar la estancia en el vientre del gigante ni el progreso tecnológico y decide huir a su pueblo, decisión inteligente donde las haya (la mejor defensa es una retirada, piensa él). A partir de este momento empieza un batiburrillo que no sabemos cómo calificar. Para algunos puede que el viejo haya perdido la cabeza definitivamente, quién sabe.

Para el alfarero el natural devenir del tiempo, que todo lo cambia, es una catástrofe; la vida tal como la conoce se tambalea. Para los demás es algo tan natural como el principio de que unos nacen y otros mueren. No por eso se para el mundo, al contrario, el ciclo de la vida es lo que nos renueva.

No dudamos de que el agua tendrá algo cuando la bendicen, por eso recomendamos leer más sobre Saramago, pero no esta obra, si podéis evitarlo.

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