La Eneida de Virgilio

Libro La Eneida

Canto las armas y al hombre…” ¿quién no ha oído alguna vez este inicio? Bastante identificativo de la obra a la que pertenece, curiosamente, poco original, porque eso de iniciar el poema épico con un verbo ‘cantar’ o ‘recitar’ o cualquiera de la familia es una de las fórmulas más usuales. Lo habían usado ya Homero y Hesiodo, entre otros, probablemente lo usara también Ennio, pero nos faltan datos suficientes para asegurarlo, sobre todo, porque nos faltan los textos.

Tampoco es, en realidad, muy original el tema de la Eneida, porque forma parte de una colección de poemas épicos en los que se relatan las aventuras de los diferentes héroes tras la caída de Troya. Sí es original en este lote el que el héroe no sea del bando triunfador, es decir, de los griegos, sino que sea un príncipe troyano derrotado. Pero también esto lo pudo haber tomado Virgilio, el autor de esta obra, de su antecesor Ennio. Como tomó asimismo el hexámetro, verso que Ennio usó por primera vez en lugar del viejo y tradicional saturnio romano.

Entonces, si ni el tema ni la forma son originales de Virgilio, ¿qué hace de esta obra una de las principales de la literatura universal? Sin duda alguna, la recreación de los personajes. Los héroes que pinta Virgilio son más humanos que divinos, sin dejar de serlo, claro. Sus sufrimientos son humanos, sus reacciones son humanas, pero tienen la grandeza de los dioses, además de su protección, por supuesto.

Eneas no es sólo el héroe perfecto, es el romano perfecto, el hombre romano perfecto. El mejor antepasado que pudiera tener un emperador, que de eso se trata, al fin y al cabo, de crear (o recordar) un digno linaje para Augusto, y Virgilio cumple tan bien su cometido que crea el mejor linaje que pueda desear el dueño del mundo. Recordemos que Eneas es hijo de Anquises y de la diosa Venus y que una descendiente de Eneas, será madre, por unión con el dios Marte, de los gemelos Rómulo y Remo, ¿qué más desea un emperador que ser descendiente de Venus, la diosa de la belleza, y de Marte, el dios de la guerra, por lo tanto, también nieto del mismísimo Júpiter, por ser éste padre de aquellos dos?

Veamos el argumento:

La Eneida está dividida en 12 cantos o ‘libros’, de los cuales, los seis primeros cuentan el viaje de Eneas desde Troya hasta las costas del Lacio, y los seis últimos, las batallas y los pactos que debe llevar a cabo en este territorio, hasta el duelo final con uno de los generales autóctonos. Esta división hace recordar a los dos poemas Homéricos, pues los seis primeros libros estarían próximos a la Odisea, por el tema tratado, y los seis últimos a la Ilíada, por el mismo motivo.

La historia se inicia con lo que se conoce como un ‘in media re’, es decir, ‘a mitad de un suceso’: Eneas y sus compañeros troyanos sufren los embates de una gran tormenta que los hará naufragar en las costas africanas, donde es recibido por la reina Dido, en Cartago. Previamente, Dido ha recibido la visita de una diosa avisándola de la llegada del extranjero. Es en el libro II donde Eneas inicia el relato de sus desventuras, de cómo salió de Troya, destruida con engaños (el famoso caballo de madera), de cómo su esposa quedó en el camino por pura ambición, de cómo llevó a su padre Anquises sobre los hombros y a su hijo Ascanio Julo de la mano.

Fresco de La Eneida

Dido, inspirada por la diosa Juno que no quiere ver triunfar a Eneas, queda enamorada del héroe y pretende retenerlo. Y casi lo logra, si no es porque Venus advierte a su hijo de que su destino no es ser rey de Cartago, sino ser pilar de una nueva estirpe que llegará a ser la dueña del mundo, en otra tierra, en el Lacio. A quienes gusten de novelas de amor le fascinará el libro IV, donde Dido trama su plan de conquista, tras confesarle a su enigmática hermana Ana (de la que no se sabe nada más) que muere de amor por el troyano. Este libro termina con el suicidio de Dido, al ver cómo Eneas, finalmente, opta por seguir su destino y embarca hacia nuevas tierras.

Este episodio de Dido y Eneas es curioso, porque es una explicación mitológica y romántica de la enemistad enquistada entre los dos pueblos, el cartaginés y el romano:

“Nunca haya amistad, nunca haya alianza entre los dos pueblos… ¡playa contra playa, olas contra olas, armas contra armas, y que lidien también hasta sus últimos descendientes!”

Pero la realidad es otra, pues su rivalidad no es por asuntos amorosos sino por asuntos económicos, ya que ambas potencias querían dominar el comercio y los territorios lindantes con el Mediterráneo).

Eneas llega a Sicilia, donde instaura unos juegos fúnebres en honor a su padre Anquises, y, después, sigue viaje hacia las costas peninsulares de Italia, pero antes, hace otro viaje, en esta ocasión al mundo de los muertos, pues Eneas es uno de los pocos mortales que tiene el dudoso honor de ir a y volver de los Infiernos. Estamos ya en el libro VI.

Llega al Lacio, justo en el momento en el que el rey Latino acaba de recibir un oráculo, por el que se ve obligado a entregar a su hija Lavinia en matrimonio a un extranjero que llegará a sus tierras. Sin embargo, Lavinia está comprometida con Turno, que ve alejarse su oportunidad de ser rey, al quedarse sin prometida. Turno culpa de esta situación a Eneas y se inicia así una guerra por el poder. Las luchas acabarán con el duelo a muerte entre Turno y Eneas (una forma mucho más civilizada de acabar guerras que las actuales, no lo pueden negar). Eneas, ni decir tiene, saldrá ganador.

Y aquí se interrumpe la historia. Según algunos críticos, Virgilio pretendía llegar hasta tiempos más próximos, pero su repentina muerte no se lo permitió.

Para los que se pregunten qué pasó después de Eneas, y aunque ya no sea parte del argumento de la Eneida, pueden recurrir a la Historia de Roma de Tito Livio, Libro Primero. Si se conforman con un rápido resumen, aquí va:

Según la mitología, Eneas se casaría finalmente con Lavinia, y fundaría una ciudad llamada Lavinium.Su hijo Ascanio fundó otra ciudad: Alba Longa e iniciaría la dinastía Albana. Tras una serie de reyes, en Alba Longa reinó Procas, que tuvo dos hijos: Numitor y Amulio. Por edad, el reino le correspondería a Numitor, pero Amulio, no se conformó con ser el segundo. Destronó y envió al exilio a su hermano Numitor, mató a sus hijos varones y encerró a su única hija Rea Silvia en el templo de las Vestales. Asegurándose así que no tendría hijos. Claro que cuando los designios de los dioses intervienen, los de un reyezuelo no son nada. Rea Silvia quedó preñada del dios Marte, y tuvo dos hijos gemelos: Rómulo y Remo. Para que su tío no los asesinara, los echó al río Tiber, que por aquella época andaba crecido. Sigue la leyenda contando cómo una loba (lupa también era el nombre con el que los romanos designaban a las prostitutas) los recogió del río y los llevó hasta su cueva, donde los encontró el pastor Facundulus y se los llevó a su esposa para que los criara como hijos propios. Sabiendo todos, sin embargo, cuáles eran los orígenes de los niños. Cuando los niños crecen y conocen quién es su abuelo, reúnen a un grupo de jóvenes, destituyen a Amulio y vuelven a su trono a Numitor.

Los dos hermanos buscan un territorio que quedaba en un lugar estratégico, entre colinas y cerca de zonas pantanosas, y fundan lo que será más tarde Roma. Tras una disputa entre ellos, y tras matar a Remo, Rómulo será el encargado de seguir la dinastía y fundar la ciudad que será dueña del Mediterráneo. Claro, repito, todo esto no aparece en la Eneida pero nos muestra el por qué del interés de Virgilio en escribir la historia de Eneas como fundador de la grandeza romana.

Y para acabar, algunos datos externos a la obra, pero de interés: la obra fue un encargo hecho a Virgilio por el emperador Augusto. Virgilio era en este momento el poeta de la corte. Augusto iniciaba su imperio, tras la guerra civil que sucedió a la muerte de César. Se iniciaba, además lo que en historia se conoce como la Pax Augusta, un tiempo de pacificación (más o menos), el momento de exaltación del nuevo régimen.

Cuando Virgilio muere, pide en su testamento a Augusto que destruya el manuscrito de la Eneida. No obstante, Augusto no iba a perder la oportunidad de dar a conocer aquella hermosa propaganda para Roma (qué maravilla si todas las propagandas políticas fueran, al menos, la mitad de hermosas que la Eneida, ¿no?), así que se ocupó de buscarle editores y hacerla publicar.

Lo que no sólo el buen gusto literario le debe agradecer, sino toda la historia de la literatura y de la música, en la que ha dejado su influencia, desde las frecuentes alusiones a Eneas en la literatura medieval, pasando por la aparición de Virgilio en la Divina Comedia hasta las óperas basadas en la historia desarrollada en la Eneida, para mi gusto, la más bella, la de Purcell, Dido y Eneas.

Otras obras de Virgilio: las Bucólicas o Églogas, en las que recrea ambientes pastoriles, y las Geórgicas un magnífico manual de cómo cultivar la tierra, salpicado de leyendas e historias mitológicas, supuestamente destinado a los soldados que habían conseguido terrenos con la reforma agraria realizada por Augusto (por la que el propio Virgilio fue perjudicado al perder sus tierras).

Y como último bocado, la descripción que Dido hace de su amado Eneas, todo un ejemplo de exaltación del ‘objeto’ amado:

¡Oh Ana, hermana mía!… Pero ¿qué huésped extraordinario ha entrado en nuestra casa? ¡Qué valor el suyo!, ¡qué gallardía!, ¡qué número de hazañas! Creo en verdad, y no puedo engañarme que es de la raza de los dioses. El temor fue indicio siempre de bajo nacimiento. Mas, ¡ay!, ¡cómo se confabularon los hados contra él! ¡Qué adversidades guerreras ha tenido que sufrir hasta el fin! ¡Qué epopeya la suya!

Fotos / AmazonWeb Gallery of Art en Wikipedia

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