La flecha negra, de Stevenson, héroes más humanos

No es infrecuente en la historia de la literatura el hecho de que un escritor haya sido un niño enfermo. Ello lo acerca al gusto por la lectura, único juguete que posee. Uno de estos casos es el de Robert Louis Stevenson, extraordinario novelista que, en La flecha negra, nos presenta las aventuras de un héroe que se aleja de los rasgos sobrehumanos de otros para mostrarse como una persona normal.

Es hasta cierto punto frecuente que los escritores sean personas de salud delicada desde niños. Ello los obliga a tener una infancia sedentaria en la que su mejor juguete suelen ser los libros, ya que no pueden dedicarse a las mismas actividades que los demás muchachos.

Un perfecto ejemplo de ello es el escocés Robert Louis Stevenson (Edimburgo, 1850-1894), a quién la enfermedad acompañaría durante toda su vida y a causa de la cual se vio obligado a cambiar varias veces de país, buscando climas más benignos. Curiosamente, los halló en Samoa, adonde se trasladaría en torno a 1890, convirtiéndose en gran defensor de los nativos, que lo bautizaron como ‘Tusitala’, es decir, ‘el que cuenta historias’.

Foto de Stevenson

Robert Louis Stevenson

Autor de ensayos y libros de viajes, la gran fuerza de Stevenson se halla en sus novelas y relatos breves. Magistral es su narración El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde, aparecida en 1886 y que constituye una interesantísima indagación en el misterio del bien y el mal que, a veces, conviven en una misma persona.

No obstante, donde realmente el escocés se eleva a alturas extraordinarias es en sus novelas de aventuras, herederas en gran medida de las de su compatriota Walter Scott. Mundialmente conocida es La isla del tesoro -todo un clásico de la literatura juvenil- en la que, además, encontramos el componente fantástico.

Algo menos popular es otro relato de aventuras, La flecha negra, publicado en 1888. Está ambientado en la Guerra de las Dos Rosas, conflicto civil que enfrentó a las casas británicas de Lancaster y York durante el siglo XV por el trono de Inglaterra y cuenta la historia del joven aspirante a caballero Richard ‘Dick’ Shelton, quién, tras ser investido como tal y tratando de vengar la muerte de su padre, se ve envuelto en un sin fin de peripecias.

Como en todo relato de aventuras, el héroe tiene un archienemigo, Sir Daniel Brackley, comprometido en el asesinato de su progenitor y que, además, rapta a Joanna, novia del protagonista a la que deberá rescatar.

Foto de una de las casas de Stevenson

Casa de Stevenson en Mount Vernon, Hampshire

El gran merito de los relatos de acción de Stevenson es la dimensión humana de sus héroes. En efecto, acostumbrados como estamos a encontrarnos con protagonistas sobrehumanos e inverosímiles, capaces por sí solos de derrotar a todo un ejército, es de agradecer que los héroes del escocés sean hombres normales, sencillamente humanos.

Y, junto a ello, la maestría en el manejo de la trama y la plasticidad y brillantez de sus descripciones lo convierten en un excepcional novelista.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Robert Louis Stevenson: PKM en Wikimedia | Casa en Mount Vernon: Loz Flowers en Flickr

Fuente: www.robert-louis-stevenson.org/

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