La gitanilla de Miguel de Cervantes, la unión de dos jóvenes vueltos gitanos

‘La gitanilla’, de Miguel de Cervantes es una historia que presenta a los gitanos en un proceso de asimilación y aceptación por la gente española. Este grupo étnico está censurado por prejuicios como su tendencia al hurto, desconfianza que impide valorar su cultura, arte y actitudes solidarias. Los protagonistas son jóvenes que han sido asimilados a ese grupo, una contra su voluntad y el otro por amor y representan la viabilidad de su integración a España.

Cartel de la versión teatral

Las novelas ejemplares de Don Miguel de Cervantes tienen algo de fábula, por el significado de querer dar una lección provechosa, pero esto no quiere decir que sean netamente didácticas, pues los recursos artísticos del padre de las letras castellanas no acaban de deslumbrarnos. En La Gitanilla hay geminación en las historias de los dos jóvenes amantes, Preciosa, la quinceañera criada por una vieja gitana que la hurtó de recién nacida, siendo su verdadero nombre Constanza de Acevedo y de Meneses, hija del corregidor Fernando de Acevedo, caballero de la orden de Calatrava, y la de su novio, Juan de Cárcamo de familia acomodada, que a petición de la muchacha vive aprendiendo los usos gitanos y cambia de nombre a Andrés Caballero.

Mientras la pareja vive sin casarse, honestamente, la prueba de dos años de aprendizaje que pide la gitanilla, se recrea un ambiente de arcadia gitana, de gran solidaridad, complicidad y compañerismo. La única sombra de temor es la vuelta del poeta Sancho, quien tiempo atrás dedicó un poema en loa de la bella gitanilla, más superados los celos de Andrés, se vuelve amigo de este y se hace llamar Clemente. La identidad gitana es un requerimiento para la gente que ingresa al aduar, ellos rompen con el pasado de la sociedad estamental para sujetarse a las leyes y costumbres pasadas de generación en generación en el campamento gitano.

La virtud y la belleza como reflejo del linaje
Preciosa se entera de su origen al visitar la casa de los corregidores, pero solo lo revela al ver a Andrés al borde de ser ajusticiado por matar a un soldado que lo deshonró de una sonora bofetada. Esta es la mayor peripecia para ambos, la prisión del joven, pues la entrega de la verdad o anagnórisis la realiza Preciosa a sus legítimos padres, quienes la reconocen por una marca en el pecho y dos dedos de un pie algo juntos. Preciosa canta romances y poemas, baila con gracia y también es madura de entendimiento. Sus juicios son prudentes porque se inspiran en la justicia, algo que va de la mano con el carácter de su novio, quien se porta reticente a aprender a robar para consagrarse gitano.

Los gitanos muestran ser compasivos con la autora de la acusación de robo a Andrés, pues a la abuela gitana de Preciosa también se le perdona el hurto de la niña. Para la época del relato, 1610, los gitanos estaban mal vistos por su habilidad para el robo y el embuste, según cuenta Cervantes, así que la virtud viene de personajes asimilados a ellos, sin embargo se revalora la solidaridad del campamento como una lección de convivencia con grupos que pueden actuar como un enclave, pero están unidos al legado cultural y destino de la nación española.

Los gitanos son presentados como un pueblo por descubrir en costumbres y cultura, y también como gente que revalorar. Entre ellos hay virtudes como el arte y el culto a la belleza que da como resultado la formación de Preciosa, la gitanilla que es admirada en todas las ciudades y deseada por muchos hasta que consigue un pretendiente que le iguala en linaje.

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