La habana para un infante difunto, de Cabrera Infante, una jocosa educación sentimental

Muchos escritores se han atrevido a narrar sus inicios en las artes amatorias. Quizá el más importante fuera Flaubert, pero en la misma línea continúa Cabrera Infante en La Habana para un infante difunto, aunque con mucha mayor carga erótica y humorística y una técnica cinematográfica.

Han sido muchos los escritores que retrataron sus inicios en los devaneos amorosos con un tono más o menos picante y con mayor o menor intención autobiográfica. Probablemente, uno de los más importantes haya sido Gustave Flaubert en La educación sentimental.

Y es que, desde siempre y aunque muchos lo nieguen, quiénes se acercan a la creación literaria han sentido el impulso de mostrar su vida –la real o la que hubieran deseado-. O, dicho de otro modo, en la obra de todo escritor hay mucho de autobiografismo más o menos velado.

Foto de La Habana

Una vista de La Habana, escenario y también protagonista de la novela

Uno de los narradores que sigue los pasos de Flaubert en la obra citada es el cubano Guillermo Cabrera Infante (Gibara, 1929-2005), junto a Alejo Carpentier y Lezama Lima, posiblemente el mejor autor cubano del siglo XX y, sin duda, el más polémico por su frontal oposición a la dictadura de Castro que él mismo había contribuido a instaurar mediante su lucha contra Batista, anterior dictador pero de la que muy pronto se desengañó.

La obra de Cabrera Infante constituye una original combinación del espíritu cubano con una amplísima cultura. Y todo ello revestido con un peculiar sentido del humor y expresado con una técnica literaria en la que poseen una fuerte influencia el cine, en cuanto a su construcción, y la música en lo que se refiere a su ritmo.


Pocos como él han sabido captar la esencia de su tierra, el peculiar temperamento cubano y la forma de ser y de expresarse de sus compatriotas. No en balde, se jactaba de que su primera novela, Tres tristes tigres, era la única escrita «en cubano».

La realidad es que esta obra constituye la primera parte de una trilogía no declarada y continuada con La Habana para un infante difunto (1979), que constituye una educación sentimental al modo flaubertiano pero revertida al humor y la ironía. Como en la anterior, Cabrera retrata los inicios carnales de un muchacho -que no es otro que él- en la noche de la capital cubana, plena de erotismo y sensualidad, con una técnica cinematográfica, documental, pero plagada de constantes referencias intertextuales a otros autores.

Foto de Londres

Londres, donde Cabrera Infante vivió exiliado

No obstante, no se trata de una novela realista. Muy al contrario. La Habana que vemos no es la real, ni siquiera la pasada, que el autor vivió, sino la que recuerda, idealizada por la ausencia y el paso de los años. Tampoco nos encontramos ante una novela erótica, ya que, como él mismo dijo, el erotismo que abunda en ella está presente «en función de la parodia y de la risa, cosa que un autor erótico no haría nunca».

De lo que si se trata es de una excelente novela, rica en significados y matices y que incorpora en perfecta armonía las más novedosas técnicas narrativas y la amplia cultura de su creador.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Literaturas.com.

Fotos: La Habana: Mikelo en Flickr | Londres: Maesejose en Flickr.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...