La letra escarlata, de Hawthorne, los albores de la narrativa norteamericana

La literatura norteamericana es, como el propio país, muy joven respecto a la europea. Sus grandes patriarcas son, junto a Poe, Irving, Fenimore Cooper y Nathaniel Hawthorne. A éste último pertenece La letra escarlata, un clásico de las letras estadounidenses que narra, con intención crítica, el castigo social impuesto a una mujer por un adulterio.

La literatura estadounidense es –como el propio país- muy joven con respecto a las europeas. Además, cuando hablamos de ella, solemos cometer la injusticia de reducirla a unos inicios protagonizados por la narrativa de Edgar Allan Poe y la poesía de Walt Whitman e inmediatamente pasamos a los novelistas de la llamada Generación perdida, ya en el siglo XX.

Foto de Hawthorne

Retrato de Nathaniel Hawthorne

Sin embargo, al tiempo que Poe escribía sus geniales relatos breves, otros escritores iniciaban la narrativa extensa y sentaban las bases para el posterior desarrollo del género. Nombres como Washington Irving, Nathaniel Hawthorne o Fenimore Cooper tienen mayor importancia de la que habitualmente se les otorga.

Concretamente, Hawthorne es el que más se asemeja al maestro Poe en su predilección por lo fantástico. No obstante, nunca llega a los extremos enfermizos de éste. En frase afortunada y muy explícita, alguien ha dicho que entre ambos existe la misma diferencia que entre el sueño normal y la pesadilla.

Nacido en Salem –una leyenda apócrifa señala que descendía de uno de los jueces que intervino en el famoso proceso por brujería desarrollado en la comarca en el siglo XVII- el cuatro de julio de 1804, Hawthorne pertenecía a la clase acomodada de la zona de Nueva Inglaterra, cuna del Puritanismo y ello se aprecia en su obra.


Sin embargo, no nos hallamos ante un fanático, sino ante una persona que es capaz de discernir que, a veces, quiénes castigan tienen más motivos para avergonzarse que los propios sujetos de sus condenas y que defiende el perdón como vehículo de la Gracia divina.

Todo ello se encuentra presente en la que, probablemente, sea su mejor novela, La letra escarlata, aparecida en 1850. Narra la historia de Hester Prynne, madre soltera que es acusada de adulterio y condenada a llevar en su pecho la letra ‘A’ como marca de su acción. No obstante, ella se mantiene fuerte y digna y jamás revela la identidad del padre de su hija.

Foto de la casa de Hawthorne

Casa de Hawthorne en Salem

Éste resulta ser el reverendo Dimmensdale –antítesis, por su cobardía, de la protagonista-, quién no se atreve a hacer público su pecado pero, abrumado por la culpa y el remordimiento ante el castigo de la mujer, acaba suicidándose.

Uno de los rasgos más destacados y personales de la narrativa de Hawthorne es lo que se ha bautizado como ‘la media luz’, consistente en dejar los acontecimientos en una vaga penumbra que otorga a sus obras un cierto carácter atemporal y obliga al lector a esforzarse en su comprensión.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: El Ortiba.

Fotos: Retrato de Hawthorne: Cliff 1066 en Flickr | Casa en Salem: Dennis en Picasa

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