La muerte de Iván Ilich

La muerte de Ivan Ilich es uno de los mejores relatos de Tolstoi. Mezcla el humor con la reflexión acerca de la muerte y la frivolidad de la burguesía.

Uno de los relatos más celebrados León Tolstoi es «La Muerte de Iván Ilich«, sin embargo no es uno de mis textos preferidos. No discuto su composición y debo reconocer que es una obra redonda. Muy bien trabajada tanto en la composición de los personajes como en las referencias al contexto en el que se desarrolla. Las clases altas burguesas y una Rusia imperial en decadencia. El personaje central es retratado magníficamente y algunas escenas descritas quedan grabadas en la memoria por la contundencia de los momentos que retratan. Morir siempre es inolvidable. Aquí podéis descargar el libro La Muerte de Iván Ilich.

Pero lo que no me gusta de Iván Ilich es el tema. Se respira a tumba en cada párrafo de la narración y esto es un acierto considerando la idea cristiana de la muerte. Pero por muy bien contado que esté el tema no narra algo que tenga alguna empatía conmigo. No hay grandes aventuras, ni peripecias inolvidables, solo la medianía de los días que pasan sin mayor tormento. A pesar de la aparente insignificancia de los días previos a la muerte se adivina que Para los cristianos la muerte es sinónimo de tristeza, despedirse del mundo y las percepciones sensoriales tal como las conocemos. En Iván Ilich está retratado eso maravillosamente. Cada día que pasa la modorra y los recuerdos que visitan la protagonista lo convencen de la inutilidad de la existencia. Pero aunque carezca de momentos inolvidables en su vida no llevó una experiencia precisamente mala, Ilich siente el peso del fracaso por la insignificancia de su vida frente al destino final que nos espera a todos. Al final todos moriremos y una vida común no compensa la oportunidad fantástica de haber existido.

Uno de los momentos que más recuerdo es la presencia del hijo pequeño al pie de la cama del moribundo Ilich. No hay tristeza ni calor humano en Ilich, una ligera compasión que no parece de padre acompaña las reflexiones del letrado que muere. Esta escena, incomparable ejemplo de la mezquindad humana me lleva a preguntarme si Tolstoi realmente sabía lo que significa ser padre. Quizás fue su intención deliberada mostrar a un hombre totalmente desencantado de la vida en sus momentos finales. Pero toda esa frialdad de la lectura puede entenderse mejor si se lee la lectura como una feroz crítica a la burguesía. Tolstoi no les reconoce a los burgueses mayor humanidad. Los considera fantoches que pasan por la vida enajenados por conseguir algunos logros superficiales y de cartón. Pero en algunos casos llevar una vida correcta es ya bastante esfuerzo.



Hay por allí algunos artistas que creen tener el secreto de la vida plena. Estos pobres diablos creen que si alguien no vive como ellos, llevan una vida de desastre. Claro, ellos se imaginan que si uno no es drogadicto, alcohólico y adicto al cinismo no vale la pena vivir. Lamentablemente estos tíos no saben dónde andan parados. Generalmente son personas que no han tenido que esforzarse nunca por nada y les da la pataleta si no consiguen lo que quieren. Pero obviamente son unos expertos en calificar a los demás. Ellos son los dictadores que determinan lo que es vivir bien.

Pero quizás sea una exageración comparar la propuesta de «La muerte de Iván Ilich» con la vida superficial de los pseudoartistas. El cuento corto de Tolstoi es una obra maestra y nos da un bofetón de buen hacer literario en la primera parte. El humor con el que se cuenta la impresión de los magistrados al enterarse de la muerte de su colega nos atrapa y nos conduce por el relato con una elegancia prodigiosa. Nos divertimos de las ocurrencias y mezquindades de los hombres públicos. Una muerte no es importante, lo que importa son las consecuencias que ese acontecimiento va a traer para nosotros. Magistrales diálogos nos presentan las personalidades miserables de los hombres de saco y corbata.

La esposa del desgraciado Ilich no se salva tampoco de un juicio despiadado, la pobre mujer anda más preocupada en su futuro personal y material que la suerte de su esposo. La muerte solo parece ser un trámite más en la vida de las personas que rodean a Ivan Ilich. Un acontecimiento del que hay que sacar el mejor partido. Sobrevivirlo es la consigna y si se pude sobrevivir bien mejor. Las navidades de estos burgueses hambrientos de frivolidad se pueden imaginar de plástico.

Hay un momento especial en el cuento en el que el humor se luce y triunfa sobre lo macabro. La sesuda reflexión que el narrador en tercera persona le atribuye a Ilich: El silogismo aprendido en la Lógica de Kiezewetter: «Cayo es un ser humano, los seres humanos son mortales, por consiguiente Cayo es mortal», le había parecido legítimo únicamente con relación a Cayo, pero de ninguna manera con relación a sí mismo. Imposible no reírse ante tan cruel reflexión que sin embargo es cierta. ¿Quién no se reconoce en esa oportuna observación. En el fondo todos somos burgueses rusos.

Morir siempre será un asunto de los otros. Uno no puede pensar en morir en la cultura occidental. Quizás en otras culturas la muerte sea entendida de otra manera. Entre los incas la momia de los muertos se llevaba a la mesa para que cenara con sus parientes. En algunas nuevas religiones la gente danza en los velorios y lo hacen felicidad. Tenemos el último funeral de la estrella de cine Heath Ledger. En esa singular ceremonia todos juegan en la playa mientras arrojan sus cenizas al mar. Las similitudes con una fiesta de cumpleaños son muchas. Me pregunto si en los nacimientos guardarán luto. No, es improbable. Debe ser una religión optimista.

Se puede encontrar momentos jocosos memorables en el cuento. Reflexiones sobre la muerte para sacarse el sombrero, pero al final la tristeza de la muerte y la inutilidad de la vida triunfan en el cuento de Tolstoi ¿o es la inutilidad de la vida de los burgueses? Lo invito a que lea la novela en este link. La muerte lo sacudirá.

Foto 2 en flickr

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