La ruta de don Quijote, cuando Azorín siguió al hidalgo loco

En el año 1905, Azorín recibió el encargo del director de El Imparcial de recorrer los escenarios del Quijote. Fruto de ello fueron quince artículos recopilados en La ruta de don Quijote, una obra clásica de la Generación del 98 que retrata los pueblos y lugares visitados por el genial loco cervantino.

Corría el año 1905, tercer centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, y la Generación del Noventa y ocho se hallaba en pleno apogeo creador. Ésta, hispanófila como pocas, había vuelto los ojos hacia los grandes clásicos de nuestra literatura, recuperando su obra a través de ensayos que la analizaban. Significativas, en este sentido son algunas obras de Machado o Unamuno, por ejemplo.

Foto de un retrato de Azorín

José Martínez Ruiz, 'Azorín'

En este contexto, el diario El Imparcial encargó al por entonces joven escritor José Martínez Ruiz (Monóvar, Alicante, 1873-1967) -ya rebautizado para siempre como ‘Azorín’– una serie de artículos sobre los escenarios de la magna obra cervantina. Éste partió un buen día de la estación de Madrid, armado con una maleta, un revólver, lápiz y papel camino de La Mancha.

Durante quince días visitó sus tierras y dialogó con sus gentes, guiado por un antiguo confitero de Alcázar de San Juan. Inició su camino en Argamasilla de Alba, entonces considerado el lugar del que Cervantes no quería acordarse y que tendría el mayor protagonismo en sus crónicas.

Así nació La ruta de don Quijote, una serie de quince artículos periodísticos en los que el escritor alicantino retrata a los pueblos y las gentes manchegos en un ejercicio de redescubrimiento de las tierras españolas al que los noventayochistas eran muy aficionados.


Por entonces, ya gozaba Azorín de prestigio literario. En 1902 había aparecido su novela autobiográfica La voluntad y en los años siguientes Antonio Azorín y Las confesiones de un pequeño filósofo. Pero no había prestado excesiva atención al Quijote, tan sólo algunas alusiones en artículos sueltos.

Sería este viaje el que lo convertiría en un importante cervantista que, durante el resto de su vida, realizaría numerosos trabajos sobre el escritor y su genial creación: Con Cervantes, Con permiso de los cervantistas o El buen Sancho son algunas muestras de ello.

Foto de Monóvar

Una vista de Monóvar, villa natal de Azorín

Como decíamos, La ruta de don Quijote recorre los escenarios de la obra –Argamasilla, El Toboso, Ruidera o la mítica cueva de Montesinos– pero también trata de empaparse del carácter de las gentes de La Mancha, con objeto de conocerlos mejor y así avanzar en la interpretación de la obra.

El estilo azoriniano se prestaba maravillosamente a la descripción: impresionista, morosa y puntillista, la prosa del escritor alicantino abre a nuestros ojos el mundo manchego en una obra magistral que constituye uno de los mejores ensayos sobre el escenario del Quijote.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Azorín: Jrosello290 en Flickr | Monóvar: José R, Navarro en Flickr

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