Los caciques, el regeneracionismo de Carlos Arniches

Los historiadores de la literatura tienden a etiquetar a los autores con un sólo calificativo. Se trata de una simplificación perversa, ya que su obra suele ser más compleja. Esto le sucedió a Carlos Arniches, conocido por sus sainetes pero que también escribió otro tipo de teatro al que pertenece Los caciques: obras en que, sin desdeñar el humor, critica desde una perspectiva regeneracionista la situación política y social española.

Los historiadores de la literatura tienden a simplificar –a veces en exceso- la obra de algunos autores. Así, Galdós sería un narrador realista, Unamuno un trágico o Pereda un costumbrista, por poner sólo algunos ejemplos. Aunque esto no es falso, no obstante, cada escritor es más complejo de lo que parece a simple vista.

Por ello, los calificativos no casan bien con el análisis literario. En la obra de un mismo autor –sobre todo si se extiende en el tiempo-, siempre hay distintas etapas y tendencias que, en ocasiones, son incluso contrapuestas. Por seguir con el ejemplo de Galdós, es cierto que su primera etapa es realista, pero más tarde introduce elementos del Naturalismo y, en sus últimos años, el componente fantástico y espiritual puebla algunas de sus obras.

Foto de un retrato de Arniches

Efigie de Carlos Arniches en el mosaico existente en su calle

Algo similar sucede con Carlos Arniches (Alicante, 1866-1943). Tiende a identificársele siempre con un teatro humorístico –muy en especial con el sainete-, que busca el mero divertimento del público.

Pero se olvidan de que buena parte de su producción teatral se aleja de ese género para, sin abandonar el humor, entrar en asuntos de mayor calado que lo aproximan tanto al regeneracionismo como a la Generación del 98. Son obras en las que, con un trasfondo humorístico, se denuncian lacras sociales de la España de su tiempo.


Esté género, bautizado como tragicomedia grotesca, presenta cierta similitud con los esperpentos valleinclanescos. Aunque éste posee una mejor técnica teatral y su trascendencia dramática es mayor, ambos desfiguran grotescamente la realidad para intensificar la situación social que pretenden criticar.

A esta dramaturgia de Arniches pertenecen, entre otras, La señorita de Trévelez, demoledora sátira de la vida de una ciudad provinciana, y Los caciques, estrenada en 1920 y que muestra la corrupción política imperante a través de la figura de esos personajes todopoderosos en su territorio.

Foto de Alicante

Una vista de Alicante, ciudad natal de Arniches

Don Acisclo, cacique y alcalde de un pueblo, va a recibir la visita de un inspector que fiscalizará su gestión. Para evitar que se descubran sus abusos, se propone agasajar al visitante. Pero, en vez de éste, se presentan Alfredo y su tío, quiénes vienen a pedir la mano de la hija de don Acisclo, ajenos a todo el asunto. Son confundidos con el inspector y exageradamente bien tratados hasta que la confusión se descubre.

Se trata, como decíamos, de una despiadada sátira del sistema caciquil que imperaba, por medio de la comicidad. Y es que el humor es un instrumento tan válido como cualquier otro para mostrar los defectos de la sociedad y criticarlos.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Carlos Arniches: Carlos Viñas en Flickr | Alicante: Santapolero en Flickr

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