Los placeres y los días, de Marcel Proust, el hombre que se noveló a sí mismo

Hay escritores que casan perfectamente con su época y, además, se deciden a novelarla. El mejor ejemplo de ello es Marcel Proust, quién retrató artísticamente su vida y su sociedad a través de En busca del tiempo perdido. En cambio, Los placeres y los días es un libro misceláneo de iniciación, pero ya revela el estilo moroso y extenso del autor.

Algunos escritores personifican una época. Parecen haber nacido exactamente en el momento en que tenían que hacerlo. Y, por si esto fuera poco, consagran su vida a novelarla, a dejar testimonio de un mundo en decadencia que se acaba para dejar paso a otro.

Retrato de Proust

Retrato de Marcel Proust

No se trata de autores realistas que, al modo de un Pérez Galdós, retratan de modo objetivo lo que les rodea, sino de artistas que pintan una sociedad en descomposición de la que ellos mismos forman parte y que se convierten así en personajes de su misma obra.

Seguramente, quién mejor ejemplifica esta figura es el francés Marcel Proust (Auteuil, 1871-1922) cuyo mismo retrato nos sugiere la época de la ‘Belle Epoque’, aquellos tiempos previos a la Primera Guerra Mundial en que –sin atisbar la catástrofe- la sociedad se contemplaba complacida de sus progresos y en que la fe en el Hombre permanecía ilimitada e intacta.

Enfermizo y delicado, perteneciente a la alta sociedad por nacimiento, Proust emprendió muchas cosas sin finalizar ninguna. Hasta que se sumió en la creación de la monumental obra que le hizo historia y a la que consagraría su vida desde los cuarenta y dos años, en una carrera contra la enfermedad que le consumía.

Naturalmente, nos referimos a En busca del tiempo perdido, gigantesca historia de su vida y su mundo que constituye una de las cimas de la literatura del siglo XX. Pero no se trata de una autobiografía. Es, sin duda, una novela. Lo que ocurre es que se encuentra repleta de rasgos de su vida y de personajes a los que resulta fácil identificar en aquel tiempo.

Es, sin duda, una obra original, una narración en que no ocurre nada, aparte del devenir diario de unos aristócratas decadentes que viven en la inacción. Y, junto a ello, impresionantes descripciones, pensamientos de la persona que nos habla y, sobre todo, un muy peculiar tratamiento del tiempo.

Foto de Venecia

Una vista de Venecia, donde Proust vivió una temporada con su madre

Pero Proust, antes de esta monumental creación, había publicado -nunca mejor dicho, ya que él costeó la edición- Los placeres y los días, un libro misceláneo que recoge artículos, pensamientos, breves narraciones y algún que otro texto poético.

Pese a ser una obra de juventud, ya permite atisbar el estilo moroso del autor que luego presidirá su gran obra, los largos párrafos plagados de subordinación y completamente macizos, las extensas descripciones y la belleza del lenguaje. Se trata de una creación dominada por el decadentismo que presidía aquella época en descomposición.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Martín Cid.

Fotos: Marcel Proust: Clairity en Flickr | Venecia: Liliana Porta en Arte y fotografía.

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