Manuel de Anaïs Nin, un exhibicionista del sexo

‘Manuel’, de Anaïs Nin es un relato sobre la conducta extravagante de un joven, que tiene un pene desarrollado y se excita solo mostrándolo en público, desafiando toda norma establecida. Este muchacho cae en episodios de orgasmo luego de terminado su show. Al final se encontrará con una meretriz que sabe provocarle mientras ambos efectúan su coreografía genital en un tren.

Nin, autora de literatura erótica

Nin, autora de literatura erótica

La literatura feminista destacó por invertir los términos de la apropiación del sujeto de deseo, en términos de género, revelando los mecanismos de posesión de la mujer respecto al hombre con un tinte de celebración de las capacidades femeninas. Anaïs Nin en su cuento Manuel, que podemos considerar de literatura erótica, habla del control psicológico que ejerce un joven delgado de miembro desarrollado, al exhibir su pene en público, pero buscando perturbar a mujeres o jovencitas hasta caer en episodios de orgasmo, como crisis de histeria y gozo, de este personaje dedicado a la provocación aún desafiando a la policía en la calle.

Manuel tenía conocimientos como la astrología y la cocina para entretener a cualquier persona, pero su objetivo primordial era balancear y manosear su pene en público, incluso realizó labores domésticas a una mujer a cambio de que observe y elogie su miembro durante su peculiar función. Manuel tiene la costumbre de andar sin ropa interior con el pantalón abierto, así al final del cuento conoce a una prostituta madura que observa sus movimientos mientras le enseña el sexo, porque ella tampoco usaba ropa interior. Ambos se excitan, él llega a eyacular unas gotas y se casan porque la meretriz tenía más poder para manejar la sexualidad que él.

El encuentro de dos exhibicionistas
Manuel y la prostituta tienen la misma personalidad, gozan en el preámbulo del sexo, con un acto de demostración de sus genitales para preparar al otro al encuentro sexual. Se mezcla el voyerismo, el alarde y la tendencia a la perversión. Manuel está muy identificado con su pene, como si trasladara su ser a su miembro, en la prostituta hay un ethos similar, a pesar que es su oficio posee un poder mayor que el joven provocador. En este final el cuento se torna hacia el ginocentrismo o la celebración del poder erótico de la mujer, tema que en la literatura feminista sirve de base a la narración del proceso de apropiación del objeto de deseo masculino por una poseedora femenina.

La desinhibición de Manuel solo tiene parangón con la experiencia de la prostituta, la única capaz de entrar a su juego de seducción en Montparnasse sin sentirse incómoda ni ofendida. El sexo en este cuento es el afán de buscar correspondencia en una coreografía genital, algo que diera la impresión de un cortejo primordial, producido a cierta distancia física, que demora el contacto, para que cuando se realice se produzca con mayor ansiedad y vehemencia. Esta presente el tópico que redime a la prostituta como maestra del placer, incluso iniciadora en los misterios del sexo, un poder que por su capacidad de resistencia a Manuel en el tren se le equipara y hasta supera los ademanes del joven.

Este cuento mezcla tópicos de voyerismo, exhibicionismo y ginocentrismo que tienen la función de crear el ambiente para el encuentro de dos personajes con similar característica: el manejar una coreografía d exhibición. Entre ellos hay correspondencia y terminan casados, es decir unidos por ser cada uno la contraparte del otro, aunque el poder de la meretriz se enuncia mayor que el del joven que alardea de su sexo.

Podéis leer Manuel de Anaïs Nin aquí

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