‘La pulga de acero’, Nikolái Leskov y el folclore ruso

Considerado una obra maestra de la literatura y presente en todas las antologías de narrativa breve, ‘La pulga de acero’ refleja el peculiar sentido literario de Leskov, regido por el humor y el respeto al folclore ruso.

San Petersburgo

Plaza del Palacio de San Petersburgo, ciudad donde Leskov pasó la mayor parte de su vida

Una de las grandes fuentes de la Literatura es el folclore oral, que ha venido transmitiéndose de generación en generación y constituye un patrimonio incalculable de los pueblos. De él han bebido los más importantes escritores, desde José Zorrilla hasta los hermanos Grimm, desde Bécquer hasta J. R. R. Tolkien, por poner tan sólo algunos ejemplos muy distintos.

Del mismo modo, en las letras rusas ha habido excelentes autores que se han interesado por el folclore. Entre ellos, quién más lo hizo quizá haya sido Nikolái Semionivich Leskov (Gorojovo, 1831-1895), aprovechando que su trabajo como agente de reclutamiento lo obligaba a viajar por todo el país. De hecho, esta época fue considerada por él crucial en su formación como escritor.

Sin embargo, en 1861 se trasladó a San Petersburgo para dedicarse al periodismo. Un año después, publicó su primer relato, ‘El bandido’, y poco más tarde sus novelas: ‘Sin salida’, ‘Enemigos mortales’, ‘Acuchillado’ o ‘Gentes de la Iglesia’. En todas ellas, ataca al materialismo de los nihilistas rusos y propugna el perfeccionamiento ético y social del individuo siguiendo el realismo espiritual que por entonces propugnaba León Tolstoi. Pero quizá lo más destacado de su obra sean los relatos breves, en los que abundan los tipos y costumbres de la Rusia de la época y cuyo lenguaje renueva el idioma, al incluir dialectalismos, términos del argot o refranes.

Entre éstos, destaca ‘La pulga de acero’, considerado por el crítico Walter Benjamin su mejor obra. La escribió al modo de un cuento tradicional ruso y rebosa frescura y comicidad. Cuando el Zar Alejandro visita Inglaterra, sus anfitriones le regalan un extraño autómata, tan minúsculo que sólo puede verse a través de un microscopio. Se trata de una pulga de acero que, al darle cuerda, interpreta un peculiar baile. Picado en su orgullo, el mandatario pone a sus ayudantes a buscar por toda Rusia un artífice capaz de crear un ingenio similar con el que demostrar a los ingleses que también en su país existe el talento. Finalmente, encuentran al “Zurdo”, el artesano bizco de Tula.

El relato desborda comicidad y costumbrismo. Y es que, en la gran literatura rusa de fines del siglo XIX, nadie supo interpretar las tradiciones y el folclore del país mejor que Leskov. No en balde, Máximo Gorki lo calificaba como “el autor más profundamente enraizado en el alma popular y más libre de influencias extranjeras de la historia de las letras rusas”.

Fuente: Impedimenta.

Foto: Zugaldía.

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