Otra vuelta de tuerca, de Henry James, cuando el terror está dentro

Dos rasgos caracterizan la obra de Henry James. Uno es la distinción entre ingleses -en general, la vieja Europa- y norteamericanos. Y el otro, más importante, es la profundización psicológica en la mente de sus personajes. Sobre todo, éste ultimo se aprecia en Otra vuelta de tuerca, un relato en que el terror es más psicológico que físico.

Desde tiempos inmemoriales, ha hecho fortuna la distinción entre la vieja Inglaterra y la nueva América. Se considera a la primera aristocrática, arcaica y un tanto anquilosada, mientras la segunda se presenta como osada, moderna y emprendedora. No obstante –como ocurre con España y los pueblos americanos- hay mucho de una en otra.

Foto de un retrato de Henry James

Retrato de Henry James

Y, si existe en las letras una figura que evidencia a la perfección esta simbiosis, ese es Henry James (Nueva York, 1843-1916), puesto que, aunque norteamericano, vivo gran parte de su vida en Gran Bretaña e incluso se nacionalizó inglés al final de su vida, dedicada toda ella a la literatura y la crítica de arte.

Precisamente, éste es uno de los rasgos esenciales de su narrativa. En efecto la contraposición de personajes de la vieja Inglaterra con otros del Nuevo Mundo, más sencillos pero también más atrevidos y laboriosos, se halla presente en muchas de sus obras. Uno de los mejores ejemplos de ello es su relato El europeo, en que el mundo de los Wenthworth –una familia de Nueva Inglaterra– se enfrenta al de sus primos, también americanos pero muy europeizados.

Pero, con ser el anterior importante, el principal rasgo de su novelística es la profundización psicológica en los personajes. James se introduce en la mente de sus criaturas y nos muestra sus pensamientos e inquietudes, sus dudas y miedos, y, en este sentido, ha sido considerado un precedente de la técnica del monologo interior que desarrollarán en el siglo XX Joyce y otros autores.


Probablemente por este motivo, el ritmo de sus narraciones es lento, con detalladas descripciones y un lenguaje un tanto barroco que, no obstante, se simplifica en algunos de sus últimos relatos, especialmente los breves.

A todos estos rasgos responde Otra vuelta de tuerca, publicada en 1898 y única incursión de James en el género de terror. Una joven institutriz es contratada para cuidar a unos niños, Flora y Miles, cuyos padres han muerto. Cuando llega a la casa, una vieja mansión victoriana, conoce a los muchachos y todo aparenta ser normal. Pero, al poco tiempo, descubre que algo raro sucede: Flora y Miles parecen estar poseídos por los fantasmas de unos antiguos sirvientes de la casa. Decidida a ayudar a los niños, ella misma comienza a percibir la presencia de seres sobrenaturales.

Foto de la casa de James

Casa de James, en Rye, Inglaterra

Pero James sabe proporcionarle al género su sello personal. Realmente, nunca llegamos a saber si los fantasmas se aparecen de verdad o tan sólo están en la imaginación de la institutriz. Se trata, por tanto, de un terror psicológico más que físico que James sabe conducir con excepcional maestría y que constituye una auténtica novedad dentro del género.

Como obra de madurez, en Otra vuelta de tuerca James ha pulido su estilo y el barroquismo presente en relatos anteriores ha desaparecido aquí, cediendo el paso a una sencilla pero no menos elaborada prosa de idéntica belleza.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Retrato de James: Cliff 1066 en Flickr | Casa en Rye: Jim Linwood en Flickr

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