Hanshichi, el Holmes del «Sol naciente»

Con los catorce relatos que componen las andanzas de este peculiar detective, tan parecido al genial de Conan Doyle, Kidô creó el relato policíaco en las letras niponas.

Edificio tradicional japonés
La literatura japonesa fue, hasta hace bien poco, una absoluta desconocida para Occidente. Los Natsume Söseki, Yasunari Kawabata o Yukio Mishima pertenecen al siglo XX y qué decir de Haruki Murakami o Kenzaburo Oe. Fue tras las Revolución o «Restauración Meiji» (1866-69) cuando el país comenzó a abrirse a la influencia exterior a través del comercio, con el que se desarrolló igualmente un interesante intercambio cultural en ambas direcciones.

Así conoció Okamoto Kidô (Tokio, 1872-1939) la obra de Arthur Conan Doyle y, de forma muy especial, sus aventuras de Sherlock Holmes, que le impresionaron tanto que decidió crear un sabueso nipón de características similares a las del genial detective británico.

El padre de Kidô era un antiguo samurái que, tras la citada modernización de Japón, perdió su estatus y hubo de buscar trabajo en la embajada británica. Además, obligó a su hijo a aprender esa lengua con lo que éste se encontró en las mejores condiciones para sumergirse en la literatura inglesa. Nació así, Hanshichi, un perspicaz investigador que destaca por sus dotes deductivas y que afronta sus pesquisas en la época inmediatamente anterior a la Meiji. Para su aparición, Kidô se valió de un ardid literario: un tío del narrador llamado sólo «K.» le cuenta una «ridícula historia de fantasmas» y le explica que fue aclarada «gracias a su amigo Hanshichi». Diez años más tarde, ya muerto su pariente, el citado narrador comienza a frecuentar al detective.

Para entonces, éste afirma contar setenta y tres años aunque llama la atención por su buen aspecto. Retirado de sus actividades, disfruta de la vida. Cada vez que ambos se encuentran, Hanshichi, además de ofrecerle té y unos «dulces deliciosos» le cuenta uno de los casos en que ha participado.

En todos ellos, se produce alguna complicación que contribuye al interés de la trama meramente policíaca. Así, a veces, es la supuesta existencia de fantasmas o, en otro relato, la aparición de unos gatos que tienen una conducta paranormal. Al tiempo, se nos muestran la cultura, costumbres, psicología e incluso historia del pueblo japonés, como cuando nos explica que un «daymio» era un señor feudal o que «Edo» era el antiguo nombre de Tokio. Con las catorce novelas protagonizadas por Hanshichi, Kidô, que también escribió teatro kabuki, creó el género policíaco en su país. Además, sus historias resultan casi tan amenas como las de Conan Doyle y hoy no han perdido un ápice de interés, aunque para un occidental no deja de resultar sorprendente contemplar a un detective entre samuráis. Por cierto, acaban de empezar a ser publicadas por Quaterni.

Fuente: Letras Libres.

Foto: Bdu.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...