¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?, Philip K. Dick

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es la historia de un libro eclipsado por su propia adaptación cinematográfica. Cuando Philip K. Dick escribió esta novela en 1968, ya era un autor de ciencia ficción de culto, avalado por obras anteriores de calidad como El Tiempo Desarticulado, El Hombre en el Castilo, Ojo en el Cielo o Los Tres Estigmas de Palmer Dietrich. Pero fue en 1982 el momento en que Dick alcanzó fama internacional al ver adaptada esta novela al cine por el entonces prometedor Ridley Scott (había dirigido exitosamente Alien, el Octavo Pasajero). La película se llamó Blade Runner, y está considerada una de las mejores películas de la historia del cine, y el film por excelencia del género de ciencia-ficción. Desgraciadamente un infarto le impidió ver con sus propios ojos cómo su universo particular iba a llegando a gentes de todo el mundo.
Antes de seguir, cabe preguntarse: ¿es mejor el libro? ¿es mejor la película? Es complicado concretarlo. Por un lado, hay que tener en cuenta que los argumentos difieren bastante, aunque la trama principal y los nombres de los personajes se mantienen. El guión que David Webb Peoples realizó para Blade Runner parecía una revisitación, un nuevo punto de vista de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? antes que una adaptación. Así las cosas, hablemos de la novela que es lo que nos atañe, por intangible que parezca la idea de separarla de tan grandiosa cinta.

En 1992 (recordemos cuándo fue escrito), el futuro es desolador: la mayoría de la población mundial está emigrando a una colonizada Marte, ya que la Tercera Guerra Mundial ha creado un ambiente radiactivo nada saludable y un desencanto ante la vida en la Tierra. Unos androides inteligentes llamados Nexus-6 fueron fabricados para las tareas de colonización, y conscientes de su inminente muerte (provistos de cuatro años de vida), deciden rebelarse contra los seres humanos por lo que consideran un abuso en todos los aspectos, proclamados a partir de entonces fugitivos y criminales.

Dick Deckard, un cazarecompensas de California, es una de esas personas que prefiere quedarse en la Tierra, a pesar de los deseos de su irascible esposa Iran. Se le encomienda a Deckard que acabe con seis de esos androides, a los que sólo se les puede identificar con un test llamado Voigt-Kampff. Los seres humanos, obsesionados con cuidar animales artificiales (ya que los originales se extinguieron por la radiación), poseen un grado de empatía que los androides no tienen, y esta carencia es la clave del test. En el devenir de Deckard para dar con los androides, conoce a Rachael, que en la película tiene una gran importancia, pero en el relato es una mezcla entre amor platónico del protagonista y una femme-fatale.

El desarrollo por el cual Deckard va dando con el paradero de todos y cada uno de los androides es magistral, y Dick logra un estilo altamente visual, fruto de la gran imaginería desplegada y por seguir una trama a veces policíaca y a veces reflexiva, al estilo de otros maestros del género como Isaac Asimov o Stanislaw Lem.

La abundancia de temas que se proponen en ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? es enorme, y esto supone una virtud muy evidente y gloriosa a los ojos del lector. Sin embargo, también provoca que a veces el universo que sirve como premisa al relato no está demasiado bien definido, y muchas de las ideas se quedan a medias tintas, como prueba de que Dick posee una imaginación insuperable a todas luces, pero como prueba también de limitaciones a la hora de desarrollar esos inicios atractivos y tan prometedores. Por ejemplo, se muestra cómo es posible discar estados de ánimo para maximizar el bienestar; el Mercerismo, una especie de religión o filosofía de carácter mediático y sedante; la idea de que los no-aptos físicamente no pueden viajar a Marte (un tema visto en la película Gattaca), como Isidore (que como venganza ayuda a los androides); el kippel, un elemento que se esparce por todas partes, provocando desorden y caos; la adicción patológica a la televisión, con el Amigo Buster como referente; y sobretodo sus motivos principales: la identidad y la dualidad natural-artificial, que son insinuados, pero en ningún momento aparecen como las reflexiones fundamentales de la novela.

Son impresionantes aquellas escenas en las que es imposible, tanto para Deckard como para el lector, saber si los personajes con los que trata son androides (replicantes en la película) o seres humanos como él, si bien al final queda la duda de si el propio Deckard es un replicante. También resulta fascinante la idea de que a los androides se les ha implantado recuerdos y sueños predeterminados, para que tengan mayor consciencia de su individualidad y del sentido de sus existencias. El final no resulta muy sorpresivo pero sí satisfactorio, cargado de una emotividad que requería el cierre del argumento del libro, encontrando Deckard algo natural en un mundo ya prácticamente artificial. Un atisbo de esperanza en un conjunto demasiado confuso, con una tecnología omnipresente y una ética en decadencia. El hecho de que se alterne el monólogo interior de Deckard con la habitual narración en tercera persona hace de ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? un relato profundo, donde es altamente visible el vacío, la resignación ante una sociedad que no tiene ninguna esperanza, donde los seres humanos tienden a amar a los animales en lugar de a las personas por pertenecer al mundo antiguo, anterior a la Guerra Mundial.

Indispensable. Obra maestra de la ciencia-ficción. No podemos decir que es la novela más redonda del talentoso Philip K. Dick, en favor de Ubik, que sí cumple las condiciones de ser la más representativa, original y asombrosa del autor, pero en todo caso, una novela muy estimable e impactante.

Puedes leerlo gratis aquí.

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