‘Tartarín de Tarascón’, de Alphonse Daudet

En toda literatura, junto a primeras figuras, debe haber secundarios que le otorguen amplitud y poso cultural. Éste es el caso, en la literatura francesa, de Alphonse Daudet, autor de ‘Tartarín de Tarascón’, una sátira amable del aventurero burgués del siglo XIX y que constituye todo un clásico de las letras universales.

Toda literatura que se precie debe presentar, junto a primeras figuras, otras secundarias pero no por ello de baja calidad. Todos no pueden ser Víctor Hugo, por poner un ejemplo, pero estos autores de segundo orden confieren a la vida literaria de su país una amplitud y un poso cultural muy importante.

Alphonse Daudet

Alphonse Daudet

Alphonse Daudet (Nimes, 1840-1897) es uno de estos casos. Meridional de la Provenza, anheló ir a París para, una vez allí, pasarse el resto de su vida recordando su soleada tierra natal, como muy bien se aprecia en su colección de relatos ‘Cartas desde mi molino’.

Daudet es famoso por haber creado un personaje, Tartarín de Tarascón, que, como un quijote francés, ha pasado a la historia literaria como contrafigura del héroe y que protagoniza dos de sus narraciones: ‘Tartarín de Tarascón’ y su continuación ‘Tartarín en los Alpes’.

Para comprender el carácter de este antihéroe francés, es preciso conocer el contexto histórico en que está escrito. La segunda mitad del siglo XIX fue la época de las exploraciones. Todo ciudadano de posición que se preciase debía realizar algún viaje exploratorio a tierras lejanas y, a continuación, contarlas en un libro.


En consecuencia, ‘Tartarín de Tarascón’ es una visión paródica de las fantasías aventureras de un burgués de provincias del siglo XIX. Ante las burlas de sus conciudadanos, Tartarín se ve obligado a realizar un viaje de aventuras verdadero para lograr ser tomado en serio. Así, se embarca en el puerto de Marsella, cargado de pertrechos, para dirigirse al sur de Argelia. Trayecto que, por cierto, sirve de excusa al autor para presentar bellas descripciones de los lugares por donde pasa.

Pero lo realmente importante en la novela es la figura de Tartarín. Es descrito por Daudet como ‘un hombre de unos cuarenta a cuarenta y cinco años, bajito, gordinflón, rechoncho, coloradote, en mangas de camisa, con pantalones de franela, barba recia y ojos chispeantes….adelantaba el labio inferior en una mueca terrible, que dejaba a su buena faz de modesto propietario tarasconés el mismo carácter de bonachona ferocidad que reinaba en toda la casa’.

Una vista de Nimes, ciudad natal de Daudet

Una vista de Nimes, ciudad natal de Daudet

Tartarín es, por tanto, una suerte de síntesis de don Quijote y Sancho. Como el primero, posee un anhelo de aventura que ha sido alimentado por lecturas de la época romántica, pero también –como el segundo- presenta una lógica realista y práctica que es fruto de su tiempo. Como don Quijote, el héroe de Daudet es un personaje fuera de su tiempo, cuyos anhelos de aventura épica sólo pueden llevarse a cabo en el terreno de la conversación. Tartarín resulta así una parodia del hombre del XIX, atrapado entre la modernidad de la nueva época y el provincianismo secular.

Fotos: Alphonse Daudet: Gabor en Wikipedia | Nimes: Wigulf en Wikimedia

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