Todas las puertas abiertas, Pedro del Pozo

Todas las puertas abiertas es el primer libro del poeta sevillano Pedro del Pozo y, también, el libro con el que debuta el proyecto editorial Libros de la herida y que abre su colección “Poesía en resistencia”.

Todas las puertas abiertas es un libro distinto y que, antes de ser comentado, merece una explicación: lejos de obedecer con el modelo estándar de los libros de poesía, el de Pedro del Pozo no ofrece una serie de poemas redondos con el que una voz hace un recorrido para llegar al mismo sitio (o sugerir otro). Más bien, reúne una serie de libros inéditos del autor para dar vida a uno solo. Lo conforman pequeños títulos como “Luces aisladas”, “El crecimiento del laberinto”, “Estatita”, “Poemas del traje del emperador” o “Cada cual agarrado a su clavo ardiendo”, y de cada uno de estos se muestran varios poemas, aunque la intención del autor siempre ha sido que cada unidad del libro (cada poema, extracto o corazonada que pudiera desprenderse hacia el lector) tenga algo en común con sus hermanos, que no se pierda su mensaje.

Todas las puertas abiertas

Este poemario empieza fuerte y ya desde el principio se intuyen hasta tres caminos entrelazados. Uno primero que, a partir de una impotencia producida ante la incapacidad de comprender completamente, un “qué es esto, cómo explicarlo, por qué no tengo palabras para explicarlo”, parece invitar a la búsqueda de uno mismo y su (o través del) contexto. Explicarnos explicando el mundo que somos, lanzarnos a la aventura del desconocimiento, y esto nos muestra a un Pedro del Pozo abierto a todo, que ha invitado a su curiosidad a husmear en primera fila, un poeta atento a los detalles que son la vida (dice el autor “y los ángeles se burlaron/como antes- en la tierra/se reían los niños de mis nacientes alas” o “Tenemos frío/y carece de importancia si los hipopótamos aman o follan/lo verdaderamente importante es por qué no se ocultan/por qué lo hacen ahí mismo frente a los demás”).

El segundo camino es un manifiesto, una denuncia contra las cosas. Pedro del Pozo carga contra lo que no ayuda a ese contexto que nos forma, contra lo que nos oprime, sin gritarnos que hagamos la revolución o nos echemos al monte. Se limita a decir, sólo pronuncia los disparates del mundo con tranquilidad (“Ellos dijeron que no pasaba nada” o los afiladísimos versos “Malditos por siempre los que viven-y-punto/malditos por siempre los que nadan-y-guardan-la-ropa”).

El tercer y último camino es el definitivo. Recogiendo los otros dos y fundiéndolos para darle punta al libro, transforma éste por completo en una lanza. En este camino, el autor prescinde de florituras y cualquier tipo de lucimiento personal, y apuesta totalmente por la literatura como herramienta para romper la indiferencia del lector. Apuesta por la comunicación del boca a boca (“y grito/que me han dicho/que al otro lado hay fiesta”), apuesta por la desobediencia (“me río y me castigo/y me río de mi castigo”), apuesta por la vida como vida y no como sistema o medio para algo (“maldita sea la gana de morirse-matar-o-morir”), por la esperanza (“Buscamos la respuesta con ansia/en cualquier lugar que huela a vida”), el amor (“Amar es el río inconstante en el que nos mantenemos a flote”) y la farra (“y bailamos como locos/hasta el amanecer”). Pedro del Pozo parece traer un mandamiento y lo hace con la humildad del que ha visto pero le da miedo convencerse, con unos postulados que podrían resumirse en su poema “Propongo”.

Para acabar, frente a la pega de la falta de redondez (aunque los poemas están elegidos con mucho cuidado de distintos libros, no consigue uno olvidarse con facilidad de este detalle y se le nota el aire de antología) están las magníficas subidas, pequeños versos o poemas que parecen escapar del libro, fugitivas verdades en crudo que nos llegan desnudas y elevan de forma sobresaliente el poema y a nosotros mismos (“y que es tarea nuestra/nosotros/somos los encargados de construirla” o “están diciendo algo que yo comprendo y comparto”). Por todo esto, Todas las puertas abiertas hace honor a su título e invita al lector a regodearse en la ignorancia de los niños. A leer, leer y leer, para seguir buscándose.

Puedes leer poemas de este libro aquí.
Puedes leer una entrevista al autor aquí.

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