‘Yo, Claudio’, de Robert Graves

La novela histórica tiene una larga tradición. Desde su auge durante el Romanticismo siempre ha sido cultivada. En el siglo XX uno de sus mejores representantes es Robert Graves, crador de la biografía novelada sobre el Emperador Claudio, que es -además- un impresionante fresco de historia de Roma.

El género narrativo que conocemos como ‘novela histórica’ tiene una larga tradición. Su primera gran época de esplendor se da, probablemente, durante el Romanticismo, cuando los autores buscan la evasión de una realidad anodina en épocas pretéritas, sobre todo medievales. Desde entonces, con mayor o menor protagonismo –según los periodos literarios-, la novela histórica ha estado presente en el mundo de la narrativa.

El Emperador Claudio

El Emperador Claudio

Centrándonos en nuestra contemporaneidad, sin duda, uno de los mejores cultivadores del género es Robert Graves (Wimbledon, Inglaterra, 1895- Deiá, Mallorca, 1985). Soldado en la Primera Guerra Mundial, editor y Docente en El Cairo, su vida es un constante peregrinar hasta que se asienta en la población mallorquina de Deiá, donde permanece el resto de su vida.

Aunque escribió otras obras, Graves es conocido por dos novelas históricas: ‘Yo, Claudio’ y ‘Claudio, el dios y su esposa Mesalina’, que son una ficción novelada pero rigurosamente histórica de la época imperial en la antigua Roma.

‘Yo, Claudio’, la primera de ellas, fue publicada en 1934 y es una biografía de la vida del Emperador romano del mismo nombre. Se inicia con el gobierno de Augusto y narra todas las intrigas palaciegas, asesinatos y degeneraciones de la familia imperial, a través de los ojos de Claudio, considerado tonto por todos –era cojo, tartamudo y lleno de tics- y que, no obstante, fue un buen Emperador.

La obra es uno de los grandes ‘best sellers’ del siglo XX y no es de extrañar, pues –a pesar de su ambientación clásica- contiene todos los elementos del género: conspiraciones, crímenes, sexo, etc. Pero, independientemente de ello, nos encontramos ante una gran novela. A diferencia de otras narraciones de este tipo, en que la época es mera excusa para situar la obra y el rigor histórico brilla por su ausencia, en ‘Yo, Claudio’ el trabajo de documentación del autor es muy importante y, salvando las concesiones necesarias para el desarrollo de la trama, se ajusta con exactitud a lo que verdaderamente sucedió.

Grato proclama a Claudio Emperador. Pintura de Alma-Tadema

Grato proclama a Claudio Emperador. Pintura de Alma-Tadema

Por otra parte, no le debió resultar fácil al autor narrar todas las perversiones de los Calígula, Mesalina, Tiberio y compañía sin caer en el mal gusto. Decimos esto porque su estilo es de una elegancia que contrasta con los hechos que está contando.

Graves es un excelente narrador que sabe mantener la intriga en sus justos límites de interés a lo largo de todo el relato y logrando que nuestro interés no decaiga.

Se le puede achacar falta de imaginación, pues el argumento son los mismos hechos históricos que cuenta, pero es que –probablemente- su intención fuera esa: exponer los sucesos reales, no de forma documental, sino amenizándolos con una forma novelística.

Sin duda, nos encontramos ante una obra excelente, a la que, por otra parte, le hace justicia la magnífica serie de televisión que la BBC hizo sobre ella.

Fotos: Claudio: Cnyborg en Wikimedia | Grato proclama a Claudio: Steerpike en Wikipedia

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