‘Anatema’, de Neal Stephenson

Una fantasía desarrollada en el mundo ficticio de Arbre, al que llegan unos extraños visitantes con desconocidas intenciones.

Neal Stephenson

En la literatura de los años ochenta del pasado siglo, se acuñó el término «cyberpunk» para calificar a un subgénero de la ciencia ficción caracterizado -a grandes rasgos- por presentar un futuro próximo en el que las nuevas tecnologías han dominado la sociedad. Entre sus cultivadores, que además incluyen en sus obras elementos de la novela negra, se hallan William Gibson, Bruce Sterling, John Shirley o Pat Cadigan (si bien ésta última no acepta tal clasificación).

Como heredero suyo y, por tanto, iniciador de una suerte de «postcyberpunk» se considera al norteamericano Neal Stephenson (Fort Meade, Maryland, 1959), quien, además de su propio nombre, utiliza en ocasiones para firmar sus libros el pseudónimo «Stephen Bury».

Aunque ya había publicado dos novelas anteriores –‘La gran U’ y ‘Zodiac: el eco-thriller’-, Stephenson alcanzó la fama con ‘Snow Crash’, publicada en 1992. Protagonizada por Hiroaki Hiro, un repartidor de pizzas en el mundo real que, sin embargo, es un príncipe guerrero en el virtual (o «metaverso»), se centra en un fallo informático generalizado denominado por el autor «infocalipsis» y sus consecuencias. Nos lleva al siglo XXIII y Estados Unidos se halla dominado por una suerte de franquicias privadas que han tomado el papel del Gobierno configurando un sistema al que se califica como «anarco-capitalismo». En este mismo tema incide Stephenson en ‘La era del diamante: Manual ilustrado para jovencitas’, sobre un complejo programa informático destinado a la educación de muchachas. Ambas novelas le reportaron algunos de los premios más destacados de la ciencia ficción tales como el Ignotus (la primera) y los Hugo y Locus (la segunda).

Tras ellas, vendrían ‘La tela de araña’, ‘Criptonomicón’ y las novelas histórico-fantásticas del llamado «ciclo barroco»: ‘Azogue’, ‘Confusión’ y ‘El sistema del mundo’. Por su parte, ‘Anatema’ nos lleva a Arbre, un planeta imaginario pero de condiciones similares a la Tierra. En él, toda la investigación científica se encuentra en manos de los «avotos», una suerte de monjes que viven en cenobios llamados «concentos». El argumento de la novela propiamente dicho se centra en la aparición en el espacio de Arbre de una nave alienígena con cuyos tripulantes esos avotos, liderados por Fraa Erasmas, tratan de entablar contacto.

A primera vista y aunque voluminosa, puede parecer una novela de ciencia ficción más. Pero no es así puesto que su lectura no es nada fácil. Stephenson construye toda una civilización imaginaria en la que cada persona y cada cosa tienen su propio nombre. Y, en consecuencia, para entenderla debemos familiarizarnos primero con un sin fin de términos tales como los citados «avoto» y «fraa», «suur», «apert», «voco» o «convox». De lo contrario, leeremos páginas y más páginas sin comprender nada. Bien es cierto que, una vez conseguimos entenderlos, disfrutaremos de un magnífico relato de ciencia ficción, sólido y bien construido. Incluso se permite Stephenson introducir un personaje llamado Julio Verne en claro homenaje al escritor francés, uno de los creadores del género.

Vía: Web oficial del escritor.

Foto: John M. P. Knox.

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