André Comte-Sponville apoya el amor y el erotismo en la pareja en su nuevo libro

El libro ‘Ni el sexo ni la muerte’, de André Comte-Sponville, trata de tres ensayos sobre lo que para el filósofo es el amor, y nos da ciertas pautas a seguir para aprender a valorar la vida en pareja.

'Ni el sexo ni la muerte', nuevo libro de André Comte-Sponville

El filósofo francés André Compte-Sponville concibe el amor como “el valor supremo” y la “gran aventura humana” en su nuevo libro ‘Ni el sexo ni la muerte‘, donde ensalza a las parejas estables y al erotismo.

Según el autor, una pareja feliz es aquella que sigue teniendo ganas de amar y ser amados incluso con el paso de los años, que ha sabido transformar la pasión en acción, el amor loco por el amor sabio. Esa, indica, es “una pareja feliz, más o menos feliz, es decir, feliz”.

Alegrarse de la existencia del otro, de su presencia, sentir placer por compartir su vida y su lecho, no significa menos amor, sino más”, sostiene el autor de Pequeño tratado de las grandes virtudes, La felicidad, desesperadamente, El placer de vivir o Invitación a la filosofía.

Las personas que son capaces de ser felices en pareja son aquellas que son amigas, asegura Comte-Sponville desde su experiencia, ya que aclara que “mi mejor amiga es la mujer con la que vivo, nadie me conoce más que ella, y no amo a nadie como a ella. El verdadero amor es una historia de amistad”.

Se trata de un amor que puede durar toda la vida mediante la ternura, la confianza, la comunicación, el humor, la amistad y el erotismo.

El filósofo se declara un “ateo fiel”, ya que aunque no cree en Dios sí cree en muchos de los valores judeocristianos como el amor, pero cree en un amor humano, que “vale la pena ser vivido” pues “sólo se puede ser feliz en el amor”. La espiritualidad, lejos de relacionarla con las religiones, es para él la vida del espíritu, el “enlace entre la verdad y la alegría” y “donde más re refuerza” es en una pareja. Y es que sólo cuando amamos tenemos “momentos de santidad”, sostiene el autor.

El sexo, por otro lado, no debe demonizarse en nombre de ningún Dios, ni hacer que sea insignificante y quitarle su importancia, como ocurrió a finales de los años 60, ya que el deseo y el erotismo nos acercan a nuestra parte más primaria, más animal, indica.

El erotismo es un arte, o puede serlo. Es la poesía de los cuerpos, en tanto que son sexuados”, explica. “No existe nada más específicamente humano, aparte de los ritos funerarios, que el erotismo, que el libertinaje, incluso dentro de la pareja (…) Ni el sexo ni la muerte son específicamente humanos. Pero el erotismo y los funerales sí“, remata.

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