Cómo abordar la Literatura

La reciente publicación del libro “Cómo enseñar Literatura” de César Toro Montalvo vuelve a desempolvar una vieja discusión en la enseñanza de la literatura. Por un lado tenemos a aquellos que se inclinan más por una enseñanza de la historia de la literatura, con algunos apuntes de crítica o valoración literaria, y por otro lado tenemos a los que proponen se estudie la literatura tomando como referencia su epistemología, el metatexto y la coyuntura social al momento de la creación de una obra literaria.

 

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Otro punto que frecuentemente se discute en la enseñanza de la literatura es acerca de la vocación de los estudiantes. Muchas universidades tienen programas de literatura que forman investigadores en la materia. La paradoja está en que muchos de los estudiantes optan por la carrera de literatura para convertirse en escritores. Lo mismo se aplica a los estudiantes escolares.

Los que optan por estudiar literatura deben tener claro que no van a aprender a ser escritores en la clase de literatura, para eso está la clase de lengua. Lo que pueden lograr es conocer rigurosamente los textos literarios. ¿Eso les va a servir para en el futuro convertirse en escritores? Definitivamente, sí. Pero no los prepara especialmente para ser autores de novelas o cuentos. El conocimiento que logren en las clases de literatura les servirá para aplicarlo a sus virtudes como escritores. No es lo mismo a escribir por pura inspiración. Con estudios uno escribe con conocimiento de causa.

Pero ser un lector conocedor del tema, crítico y versado requiere más que un estudio ligero de las obras literarias. Se debe analizar el texto, comprenderlo, interpretarlo y descubrir las técnicas literarias que se utilizaron en el mismo.

Pongamos un ejemplo sencillo. Leo a Pérez Reverte. Me emociona su saga del Capitán Alatriste, recuerdo perfectamente cada capítulo y las psicologías distintas de los personajes. Igualmente me quedo fascinado por la descripción de la España del siglo de oro. Pero no puedo decir más del texto porque he tenido una lectura de puro entretenimiento y nada más.


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El caso contrario al ejemplo es el del investigador. En ese caso mi lectura de Pérez Reverte me lleva a indagar más en el contexto histórico social. No solamente de la ficción ubicada en el siglo de oro español. También investigo el contexto del autor durante el tiempo que le tomó escribir su obra. También, como especialista en literatura, debo poder reconocer las técnicas literarias utilizadas por el autor. Las citas a otras obras, la influencia que se reconoce de otros autores anteriores a Pérez Reverte o quizás contemporáneos. Y hay muchos otras cosas que un experto en Literatura puede hacer.

Toda una diferencia que separa al lector común de obras literarias del experto literario.

Ahora, para ser licenciado en humanidades con especialidad en literatura tenemos las universidades. Pero también nosotros, como lectores comunes y corrientes, podemos dar ese paso que no distinga del lector poco avisado en literatura.

Para ello me gustaría recopilar algunas sugerencias que permiten formar a un buen lector de literatura. Las enumero a continuación:

Leer un libro con apuntes previos sacados de Internet o de los diarios. Nada mejor que tener a la mano las últimas entrevistas que se le hayan hecho al autor sobre su obra. Igualmente es importante tener información sobre la época en la que está ambientada la obra y los sucesos locales y mundiales que ocurrieron durante la redacción de la misma. Esto definitivamente enriquecerá nuestra lectura.

Tener una libreta de apuntes a la mano. Esto nos permitirá analizar frases o textos que nos llamen la atención. A veces una frase nos llama la atención por lo familiar de ella. Resulta que en muchos casos es una frase o idea similar a la leída en otro texto literario. Así, casi sin querer, nos vamos enterando del metatexto de la obra.

Leer todos los apuntes o críticas que podamos encontrar en los medios de comunicación o en el ciberespacio. Lo que no quiere decir que hipotequemos nuestra opinión a la de un crítico, pero sucede que muchas veces los críticos nos ayudan a descubrir significados o interpretaciones del texto que no notamos con anterioridad.

Afortunadamente el lector moderno cuenta con la información al alcance de un click del Mouse. Si volvemos a tomar el ejemplo de Pérez Reverte, basta con entrar a su página web y todo su biografía básica, así como el itinerario emocional e intelectual del autor llegará a nuestra PC y por tanto estará disponible para nosotros en el momento que lo deseemos.

Si tomamos autores clásicos como Ovidio la búsqueda se vuelve un verdadero placer bibliográfico. Es como convertirse en un Indiana Jones de la literatura. Uno se puede sorprender de la cantidad de críticos que han opinado sobre el autor. Muchos de ellos con una posición crítica distinta. Además tenemos los textos perdidos que se atribuyen a Ovidio. Todo un placer por descubrir.

Ese es uno de los tantos aspectos interesantes que suele abordar el estudioso en literatura. Y no se necesita ser un académico para hacerlo. Basta con tener un genuino amor por la literatura. No es raro que después de investigar sobre uno o dos textos, uno quiera redescubrir las lecturas pasadas con un poco más de erudición.

Todo esto sirve para un lector medianamente informado de literatura. Para un estudioso el rigor es mayor. Como se puede comprobar en el libro de Toro Montalvo.

Pero no se puede negar que el placer de la literatura merece una polémica como esta. ¿El estudioso de literatura no profesional debe investigar sobre la construcción del relato o solo limitarse a leer y memorizar fechas? En estos tiempos que corren, es difícil que alguien se oponga a un estudio de literatura con investigación de fuentes, análisis crítico, etc. Sobre todo si tenemos Internet a la mano. Algo que señaló muy sabiamente Umberto Eco hace unos pocos años.

La anécdota que contó el gran experto en semiótica relataba con humor su añoranza por la vieja e íntima máquina de escribir. Con la antigua máquina de escribir uno podía olvidarse del mundo y abstraerse de todo. En cambio, con las computadoras, es imposible no estar en contacto permanente con el mundo a través de las noticias que se difunden por Internet. Una delicia de anécdota la de Humberto Eco que sería materia de otro artículo. Pero cada uno tiene su opinión. ¿Usted qué opina?

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