Cómo conservar los libros en perfecto estado

Así hay que limpiar los libros

Seguro que en más de una ocasión has oído que un libro es un tesoro. Y realmente es así. A pesar de que cada vez son más los usuarios los que apuestan por el formato electrónico en vez del papel, lo cierto es que los libros de papel siguen ocupando un espacio muy importante en las estanterías de nuestras casas. Sin embargo, si no prestamos atención a su cuidado, los ejemplares podrían deteriorarse con el paso del tiempo. Seguro que dentro de un tiempo a ti también te gusta encontrarte con libros que leíste hace 10, 15 o 20 años. Y para ello es imprescindible que conozcas una serie de consejos básicos para su limpieza y cuidado.

Lo primero y más importante es que, del mismo modo que cualquier otro elemento, los libros también acumulan polvo. Seguro que de manera rutinaria eliminas el polvo de los estantes donde tienes almacenados los libros, pero seguro que no tan a menudo le dedicas en tiempo suficiente a limpiar todos y cada uno de los libros. Sí, es muy importante que lo hagas una o dos veces al mes para conservarlos en perfecto estado.

Como resulta lógico, los libros no se pueden limpiar con un trapo húmedo porque así aumenta la probabilidad de que aparezcan manchas de moho y se estropeen. Para evitarlo, lo mejor es utilizar un paño electroestático. Con un paño de este tipo, con una sola pasada y frotando un poco la cubierta, toda la suciedad desaparece como por arte de magia. Para las páginas puedes utilizar un cepillo de dientes de cerdas suaves, con movimientos de dentro hacia afuera. A la hora de hacerlo el libro tiene que estar cerrado. Si limpias las hojas con el libro abierto, sólo conseguirás que el polvo se cuele entre ellas.

Por último, es importante saber cuál es el mejor sitio de la casa para almacenar los libros y evitar que se estropeen. Por supuesto, hay que evitar los espacios húmedos porque la humedad, además de producir moho, también puede alterar la tinta con el paso de los años. Esto podría hacer que las páginas se afeen, e incluso que los libros resulten imposibles de leer. Cuidado, porque el calor tampoco es bueno para los libros. Si se ponen muy cerca de una fuente de calor, como por ejemplo un radiador, pueden sufrir la falta de humedad. Las hojas podrían secarse y quedarse quebradizas.

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