Cómo se explica la decadencia de la librería tradicional

El declive de las librerías tradicionales es un hecho. El desarrollo de las empresas de comercio electrónico de libros ha impactado en gran medida el cierre de varios establecimientos físicos de venta de libros.

La llegada del comercio electronico amenaza las librerias

En enero de este año los medios españoles reseñaron al menos el cierre de dos librerías, Los Portadores de Sueños, que tuvo 14 años en Zaragoza y la librería de Nicolás de Moya, ubicada en la calle Carretas de Madrid, fundada en 1862. Los motivos: la crisis y la imponente competencia que significan las ventas online de libros

Es un hecho que el número de librerías tradicionales está disminuyendo, en París cerca de un 33% de los establecimientos que se dedicaban a la venta de libros han cerrado sus puertas según datos publicados recientemente en la prensa francesa y también se ha revelado que esta ciudad ha perdido unas 350 librerías desde el año 2010.

Al respecto, el historiador del libro, Roger Chartier, expone algunos argumentos en favor de la librería en un título denominado Cultura escrita y textos en red, que recoge un diálogo junto al investigador en comunicación digital interactiva Carlos A. Scolari.

En este libro Chartier sostiene que aunque es una realidad el declive de las librerías, es en ellas donde se ofrece una verdadera guía a los lectores en la “selva de los libros” y expone que mientras en las librerías se puede obtener una orientación más certera, en la gran comercializadora de libros Amazon o en Google se hace más complicado saber cuando se trata de contenidos verdaderos o los falsos.

En ese sentido, reconoce que es las librerías son establecimientos que han sido duramente afectados por las transformaciones tecnológicas y sociales, pero hace énfasis en la gran diferencia que existe entre las sugerencias que da un logaritmo cuando se busca un libro dentro del mundo digital y las recomendaciones que puede ofrecer un librero dentro de su entorno.

Además, el historiador destaca que si Amazon o compañías similares fueran las únicas que vendieran libros, las personas dejarían de disfrutar el peregrinar por los pasillos de las librerías.

No obstante, dice que, a pesar de sus argumentos, no hay que responsabilizar a Amazon de la debacle de las librerías, más bien, indica que el origen de la crisis se encuentra tiempo atrás cuando los supermercados empezaron a colocar libros en sus estanterías.

¿Amazon responsable de la crisis?

En un escrito denominado Contra Amazon: siete razones / un manifiesto, publicado por Jorge Carrion, el autor expone algunos ejemplos de cómo este gigante de las ventas en Internet ha formado parte del hundimiento de simbólico y físico de las librerías.

Asegura que Amazon no es una librería más bien lo define como un gran mercado donde los libros conviven con electrodomésticos y juguetes para niños.

Carrión dice que los libreros no existen en Amazon quienen atentarían contra la inmediatez que requiere la firma y con una cruda ironía señala que en esa empresa la guía de lectura la dan los algoritmos y se transforma al consumidor en prescriptor.

Además, denuncia lo que llamó una expropiación simbólica de Amazon y otras grandes cadenas a espacios con un emblemático pasado. Su artículo comienza narrando cómo el edificio donde funcionó por más de medio siglo la editorial Gustavo Gili, en Barcelona, pasó a manos de esta empresa de comercio electrónico.

En el libro Cultura escrita y textos en red, Carlos A. Scolari, juega, como él mismo confiesa, al “abogado del diablo” al salir en defensa de Amazon y reconocer que en algunos casos las sugerencias que, basadas en la inteligencia colectiva, ofrecen en las páginas de estas empresas de comercio electrónico  pueden ser útiles.

Scolari argumenta que si al entrar en una librería solicita ayuda para encontrar novedades en un tema tan específico como el de hipertextos lo más seguro es que no puedan darle una recomendación clara o que le ofrezcan libros que ya conoce. No obstante, afirma el investigador, en plataformas como Amazon hallará títulos que ni el vendedor de libros más culto podrá sugerir.

A pesar de Amazon se abren librerías

La apertura de la librería ICI, en la capital de Francia, con 500 metros cuadrados de espacio distribuidos en dos pisos, en medio de Los Grandes Bulevares de París, no dejó de generar sorpresa en medio de la crisis que viven las librerías en el mundo y el incremento de las compras de libros por vía electrónica.

Sin embargo, es evidente que las emprendedoras, Anne-Laure Vial, que viene Amazon France y su socia Delphine Bouétard, que fue responsable de la librería de Virgin Megastore des Champs Elysées, conocen el terreno que pisan.

El inicio de este proyecto no deja de ser admirable y algunas de las opiniones que se han dado sobre esta librería es que está lejos de ser un acto comercial suicida. Con la experiencia de las fundadoras y habiendo dejado Amazon, se estima que lo que propondrán será lo que Amazon no tendrá nunca: el consejo, el calor humano, la variedad y el encuentro social en el centro de la ciudad.

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