De Regreso al Mundo, Tobias Wolff

En los años 80, en los Estados Unidos, dos autores se consagraron como los dos mejores escritores de relatos cortos vivos. Uno es Raymond Carver, con libros tan estimables como ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? y Tobias Wolff (1945), con este Regreso al Mundo, que siendo una colección de relatos, se convierte en la mejor obra de este autor nacido en Alabama, aunque sea más conocido por sus memorias, especialmente la autobiográfica Vida de este Chico, adaptada aceptablemente al cine por Michael Caton-Jones y el popular Leonardo DiCaprio en el papel del propio Wolff.

Si hay algo que caracterice a este tipo de literatura estadounidense, por encima del resto de literatura anglosajona y hasta mundial, es su extraordinaria capacidad de observación, y en concreto su obsesión por los detalles de la cotidianeidad. Los relatos de Wolff, como los de Carver, no están provistos de un final sorpresivo, no tienen por qué poseer un significado rebuscado, alegórico o metafísico. Es la sensación lo que les importa. La impresión. No quieren transmitir al lector un mensaje, una moraleja, sino un recuerdo; como digo, una sensación.

En Regreso al Mundo, una obra que podríamos tachar de “muy americana”, cualquier gesto, cualquier suceso, por mínimamente importante que sea, no se da por hecho, se buscan sus matices, su relación causa-efecto. Por eso no es una obra demasiado accesible: sólo para lectores que compartan esa fascinación por los pequeños detalles, para los que una mirada, que se caiga un vaso de agua al suelo, o una llamada telefónica pueda dar lugar a cientos de páginas de reflexión.

La obra de Wolff y de Carver se hallan en el marco del denominado realismo sucio, que se caracteriza sobretodo por estar determinado por un lenguaje tan simplista como minucioso, sin que el autor/narrador se implique en lo que cuenta.

Wolff cuenta vidas vulgares, le encantan los perdedores, los traumas de infancia o de juventud, las meteduras de pata, los errores, los comportamientos imprevisibles o irascibles, y los cuenta a modo de crónica, de forma parecida a lo que se intentaba en España con la corriente del realismo.

Su relato más conseguido es el que trata sobre el militar fracasado. La objetividad con la que Wolff consigue que nos demos cuenta de su condición de perdedor, pero no es a base de descripciones o flash-backs con lo que el autor logra esa complicidad con el lector, sino que relata un día concreto en la vida de su personaje, un hecho concreto, una noche… insisto: detalles. Los diálogos, minimalistas pero muy coloquiales, no sólo es una rica visión de los deseos, ambiciones y carencias del ser humano, sino que además acerca el american way of life a quien no está muy familiarizado con él, convirtiéndose en digno sucesor de esa gran cantidad de autores que narraban el fracaso en la consecución del sueño americano, muy en la línea de Jerome David Salinger.

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