Drácula, una eternidad de no-vida

Drácula de Bram Stoker

Cartel de película Drácula basada en la novela de Bram Stoker

El viaje del inglés Jonathan Harper a Transilvania parecía de lo más inexpresivo, pero esa impresión cambia cuando conoce a su anfitrión. El Conde Drácula recluye al joven en su castillo y parte a Inglaterra en busca de su amada. La prometida de Harper es la viva imagen del amor del Conde y consigue traérsela consigo. Con la ayuda de Van Helsing, Harper acude en su rescate, enfrentándose al temido Conde en sus dominios.

El mundo de los vampiros tiene un innegable influjo sobre el imaginario popular. El atractivo de esos seres que viven en la noche, alimentándose de la sangre de sus víctimas, condenados a una eternidad de no-vida y regidos por oscuros códigos de conducta, ha llegado a la literatura, el teatro y el cine.

En la obra de Bram Stoker se respira un gran conocimiento de toda la historia y tradición de la que se nutre el mito del Conde Drácula. Perfectamente ambienta, atenta a todo tipo de detalles, el autor no pierde la oportunidad de llevar a sus páginas los orígenes del Conde, su transición a la no-vida una vez ha desafiado a Dios, su promesa de amor eterno a su esposa a lo largo de todas las reencarnaciones que esta tenga, el enfrentamiento, perenne, entre el bien y el mal, la ciencia luchando con la oscuridad, el conocimiento contra la magia.


Sobre todo esto trata la novela, pero el tema central es el amor. Como tantas otras veces se ha dicho, todas las historias son historias de amor. En medio de la tragedia amorosa nace la condición vampiresca de Drácula.

Embarcado en las cruzadas, luchando por defender los territorios cristianos de la amenaza infiel proveniente del este, el Conde pelea en nombre de Dios con una ferocidad exagerada que le lleva a ser reconocido como Drácula El Empalador, por su afición a sembrar los caminos de rivales empalados. Sus rivales, en su ansia por dañar al conde, envían un emisario a sus dominios con el mensaje de la muerte de Drácula. Su prometida, presa de la desesperación, se suicida.

El Conde, a su regreso, maldice al Dios que ha permitido la muerte de su amada mientras el luchaba en su nombre. Es entonces cuando reniega de él y condena su alma a la vida eterna en la noche y alimentado de la sangre de sus víctimas. Esa es una de las grandes virtudes de la obra, la explicación del nacimiento del mito de Drácula, ubicándolo además en un contexto histórico concreto, vinculándolo así con las leyendas existentes.

Otro de los méritos de la obra es la ambientación, como consigue con éxito adentrarnos en toda esa época gótica, con una variedad semántica muy destacada, de la que se vale para conseguir una atmósfera densa y llena de nieblas y claroscuros.

Bram Stoker se vale además de muchos de los elementos comunes de la narrativa en torno a los que articular la historia: en enfrentamiento protagonista-antagonista, las secuencias de aventura y peligro, la lucha entre el bien y el mal, las pasiones humanas y, sobre todo, el atractivo de lo tenebroso, de lo desconocido.

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