El arte del mínimo esfuerzo

La escritora Bárbara Berckhan se pregunta en este libro: ¿Por qué matarse trabajando si también puede hacerse con menos esfuerzo? Banal para algunos, esta interpelación a la sociedad capitalista de nuestros días, significa una redención obligada para otros que pasan horas y horas abrumados frente a la ingente cantidad de horas laborales que, en muchos casos, no son tan productivas como esperamos.

El arte del mínimo esfuerzo Esta pedagoga, que trabaja como consejera en situaciones conflictivas para varias empresas y asociaciones y que ha publicado otros libros de autoayuda para mujeres, reconoce que los tiempos han cambiado y reflejo de este evolución es que “trabajar mucho y pasar muchas horas en la oficina estaba muy bien visto, antes” como recoge en la introducción de esta publicación. “Nos hemos vuelto más escépticos” reflexiona, y los “yanquis del trabajo” están pasados de moda porque, quemados en la vida privada, son incapaces de ser verdaderamente felices.

Berckhan parte de una idea sencilla: las tareas poco importantes cotidianas son las que en gran medida nos quitan el tiempo necesario para dedicarlo a otros quehaceres más esenciales. Normalmente estas pequeñas tareas suelen ir acompañadas de palabras como “es un momento”, “se resuelve deprisa” o “esto no es nada” y nunca aparecen solas porque siempre aparecen en manada. Son precisamente los perfeccionistas quienes más las padecen porque, siguiendo uno de los ejemplos del libro que sólo es uno de tantos, se dan cuenta de que el cuadro de la pared está un poco torcido y necesitan disponer y controlar todo bajo un perfeccionismo que incluso resulta estresante para el resto de los mortales.

Entre uno de tantos ejemplos resalta uno que funciona a modo de epílogo del libro y que tiene que ver con un sueño que transcurre en el vagón de un tren. Allí, algunas personas, a pesar de haber comprado sus billetes y disponer de sus asientos correspondientes, prefieren ir de pie y llevar sus pesados equipajes a cuestas. La propia escritora se pregunta por qué no se sientan y descansan, a lo que estos pasajeros responden que son ambiciosos y que necesitan esforzarse cada segundo. La revisora explica irónicamente a la protagonista que ellos creen que el tren sólo circulará si cargan con sus equipajes. La moraleja es obvia y la crítica mordaz.

Los “ladrones de energía”, como los llama la autora, son uno de los conceptos clave. Les llama así porque nos roban el tiempo debido a que nos hacen pensar demasiado sin encontrar por ello una solución rápida y necesaria. “Mucho ruido, pero pocas nueces” nos suponen. La solución está precisamente en no prestarle tanta atención y en tomar decisiones irrevocables y más pragmáticas. Olvidémonos entonces de los rumores, de los fanfarrones, de las prisas o de las historias interminables que nos producen ciertas personas o cosas porque son simplemente “ladrones de energía”.

Por cada obligación que asumamos, dejemos otra lado”, “deleguemos los trabajos desagradables”, “evitemos quejarnos en exceso”, “explotemos nuestras habilidades”, “apuntemos a la diana”, “busquemos atajos”, centrémonos, en resumen, en el “quid de la cuestión”, porque “la fatiga no es una virtud” y no es más productivo ni más eficaz “intentar resolver las grandes tareas a todo gas, hasta caer desplomados”.

Los consejos son constantes y numerosos en el libro, pero muchas veces la clave es tan simple como desconectar por momentos de las cosas que nos agobian y abruman. Es fundamental por ello que “busquemos lugares para relajarnos” o “dejemos a veces el móvil en casa” insiste Berckhan.

Las consecuencias si no seguimos estas recomendaciones pueden ser definitivas, ya que aumentan nuestras adicciones (café, tabaco, alcohol, dulces), nos cuesta más dormir por las noches, nuestra atención disminuye, estamos más irritados y reducimos nuestra capacidad de disfrute.

El libro es un compendio de consejos recopilados para sacar mayor partido a nuestro trabajo y a nuestro esfuerzo. Por ello, la escritora nos aconseja que seleccionemos y agrupemos las tareas más insignificantes. Por ejemplo: “comprar sellos, llevar un paquete a Correos, abrir una cuenta en el banco o hacer copias de la llave del buzón” se pueden hacer conjuntamente y de una sola vez.

Gracias al seguimiento de estas sencillas lecciones, Berckhan, reconoce que ha podido tener tiempo para poder escribir un libro como este, que, de otro modo, hubiera sido tarea imposible. Detengamos el tiempo para sumergirnos en el presente y seleccionemos lo que realmente es más importante y aquello que nuestras habilidades puedan desarrollar con menos esfuerzo, como es, en este caso concreto, la elaboración de este libro por parte de esta escritora.

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