El Asunto Tornasol, Hergé

Por miedo o simplemente por respeto, aún no me había atrevido a reseñar ninguna obra de la serie de cómics más universal y aclamada que pueda conocerse. Y hablando en estos términos, podría parecer que de lo que se va a hablar es de un episodio de la Marvel, o de la manida y rutinaria colección de aventuras de Mortadelo y Filemón, tan exageradamente aplaudida en el ámbito español.

Por suerte, no estamos hablando de otro que de Tintín. Gracias a que su autor, Hergé (seudónimo de Georges Remi, 1907-1983), se negó en rotundo a que algún otro continuara las aventuras de su personaje tras su muerte, se alimentó el mito y se valoraron las 23 aventuras publicadas hasta encumbrarlas a niveles estratosféricos. En realidad, fueron 24, si contamos con su obra-ensayo: Tintín en el País de los Soviets, tan carente de libertad y tan llena de defectos que no es de extrañar que Hergé renegara de ella con el paso del tiempo.

De entre las 23 aventuras mencionadas, es obvio que algunas son más recordadas que otras. Entre los millones de seguidores de este periodista belga amante de los viajes y de la acción, los hay que prefieren Tintín en el Tíbet por la exquisita calidad del dibujo y la profunda emotividad, otros se decantan por Stock de Coque, otros por Las Joyas de la Castafiore, otros por El Cetro de Ottokar… y así sucesivamente, según todos y cada uno de aquellos que poseen la colección completa en sus hogares.

De este modo, aun teniendo en cuenta que la diversidad de gustos es considerable, hay un hecho irrefutable: la aventura de Tintín cuyo guión desprende mayor talento es El Asunto Tornasol.

El Asunto Tornasol es un thriller en estado puro, es una alegoría sobre la Guerra Fría que ya quisiera James Bond haber protagonizado, es un alegato contra el belicismo y la carrera armamentística y una aventura con un ritmo frenético y exasperante que merece ser en multitud de ocasiones la obra más recordada de Hergé.


Con un dibujo no demasiado brillante pero innovador respecto de los títulos anteriores, se empieza a adivinar cómo Hergé está llegando a su momento cumbre en cuanto al color, el trazado, los paisajes y la descripción de lugares, que alcanza seguramente en el periodo que comprende Stock de Coque, Tintín en el Tíbet y Las Joyas de la Castafiore, los más conseguidos en cuanto al estilo de dibujo y la brillantez de sus viñetas.
La trama, a priori, es simple: el reportero Tintín, durante una visita al capitán de marina retirado Haddock y el científico Silvestre Tornasol, pasea con el capitán por las parcelas colindantes al fastuoso castillo francés donde residen. Amenaza una tormenta y Tintín y Haddock han de volver rápidamente al castillo. Ya dentro, empiezan a sucederse una serie de fenómenos extraños, mayoritariamente la rotura de lámparas, espejos, ventanas y todo tipo de materiales de cristal. En esto, que oyen disparos y Tornasol no es alcanzado por muy poco. Lo mismo ocurre al día siguiente, que habiendo cesado la tempestad, siguen sucediéndose las roturas de cristales por doquier.

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Presos de la confusión, a Tintín y Haddock se les ocurre que la causa puede ser algún artefacto en el que está trabajando Tornasol, hecho que parece confirmarse al encontrar espías extranjeros en el laboratorio del profesor. Esto les hace concluir que el profesor Tornasol está en peligro de ser secuestrado por una potencia extranjera para que Tornasol les revele la fórmula de tan poderoso aparato.

El científico acaba precisamente de partir hacia Suiza, con lo que Tintín y Haddock se ponen rápidamente en marcha para dar con él. Partiendo de esta atractiva premisa, se va constituyendo una prodigiosa trama de espionaje, contraespionaje, secuestros, intriga, persecuciones en coche y hasta en helicóptero.

Lo más memorable de la obra es, con toda seguridad, la confección por parte de Hergé de dos países centroeuropeos ficticios: Sildavia y Borduria, que se disputan al profesor Tornasol durante la aventura. Si bien Sildavia representa Occidente, Borduria es un claro paralelismo con la Unión Soviética stalinista, donde Stalin es aquí llamado Plekszy-Gladz. En honor al estadista, todos los bordurios parecen llevar bigote en signo de autoridad y hombría.

Tintín, El Asunto Tornasol Con elementos tan irrelevantes pero logrados como el paraguas de Tornasol o las molestísimas visitas del caradura agente de seguros Serafín Latón, el argumento se ve muy enriquecido y portentoso. Varias escenas destacan por encima del resto: la visita al profesor suizo Topolino, la carrera en taxi, el tiroteo en la embajada de Borduria, la huida del hotel Zsnorr y el rescate posterior de Tornasol, en un tanque del ejército, prácticamente de lo mejor que realizó Hergé. No así el gag del esparadrapo, que más que humorístico, parece decadente.

Las 62 páginas de las que consta el libro podrían no dar para más. En el caso de El Asunto Tornasol, todo elogio es poco, todo cumplido es bien merecido, y toda línea de reseña que pudiera escribir para ensalzarla no sería suficiente para dejarla en el lugar que le corresponde.

Sin duda, uno de los mejores cómics que se han hecho, y una obra importante del siglo XX, en representación de toda la serie de aventuras de Tintín.

Podeis ver las páginas 1 y 2 de la versión original en francés.

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