‘El porqué de los dichos’, de José María Iribarren

Una obra imprescindible para saber de dónde proceden las expresiones que todos usamos a diario y conocer las anécdotas históricas que las originaron.

real academia

Hasta no hace muchos años, existíeron en España grandes divulgadores de nuestra historia literaria y nuestra lengua. Entre ellos, destacó la labor realizada por el lingüista y dramaturgo Joaquín Calvo Sotelo, incansable recopilador de refranes cuyos orígenes, en muchos casos, se pierden en la noche de los tiempos y que llegó a tener un programa de televisión sobre este tema.

Labor muy próxima a la suya fue la del navarro José María Iribarren (Tudela, 1906-1971), también académico de la lengua y que publicó en 1955 ‘El porqué de los dichos’, obra subtitulada “Sentido, origen y anécdota de dichos, modismos y frases proverbiales” y que constituye un estudio de referencia para todo aquél que desee acercarse al habla popular.

Todos hemos oído calificativos como “culo de mal asiento”, afirmaciones como “tener guardadas las espaldas” o sentencias como “el que fue a Sevilla perdió su silla”. Pero, ¿de dónde proceden tales frases hechas? Esto es lo que nos explica Iribarren en su obra, que ha ido creciendo con el paso de los años, a medida que su autor iba recopilando nuevos dichos. Y es que, mientras otros libros de este tipo se limitan a contarnos el significado de tales expresiones, la obra de Iribarren nos explica, además, la anécdota histórica que dio lugar a cada una de ellas.

Valga un ejemplo como muestra: Es muy popular decir “¡vete a la porra!” Pero pocos saben que tiene su origen en una expresión militar de castigo: “¡Váyase usarced a la porra, seor soldado!”. La “porra” era el bastón mayor que portaba el tambor de los regimientos antiguos y, durante las acampadas, se clavaba en tierra para señalar el sitio a donde debían dirigirse los soldados condenados a arresto por alguna falta. Por tanto, la frase, en un principio, era rigurosamente exacta y no tenía nada de despectivo.

También es muy conocida la expresión tener “a huevo”, para indicar lo fácil que es hacer una cosa. Pero, en su origen, significaba lo barato que era algo, ya que los huevos tenían un precio irrisorio. De hecho, entre las acepciones que aporta el Diccionario de la Lengua, todavía se encuentra ésta. De otras sentencias, en cambio, Iribarren nos explica su raíz culta culta. Así, por ejemplo, “a grandes males, grandes remedios” viene de un aforismo de Hipócrates, famoso médico en la Atenas clásica. ‘El porqué de los dichos’ es, en suma, una obra muy amena que vale tanto para el investigador como para el lector aficionado que sienta curiosidad por estas expresiones.

Fuente: Editorial Ariel.

Foto: Pablo Sánchez.

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